Algo le pasa al Inter de Milán. Después de un debut con más sombras que luces frente a Monterrey (1-1), los hombres de Chivu consiguieron su primera victoria en el Mundial de Clubes tras derrotar a Urawa Red Diamonds sobre la bocina (2-1 con goles de Lautaro en el 78 y Carboni en el 92). Sin embargo, la imagen sobre el verde es muy diferente al nivel que exhibieron, por ejemplo, en la fase final de la Champions League.
Sin ir más lejos, el combinado transalpino fue el único capaz de plantar cara a un Barcelona que arrasaba tanto a nivel nacional como continental. A través de un bloque sólido atrás y gracias a la pulcritud que tuvieron para atacar la adelantada línea del conjunto azulgrana, lograron la gesta en una noche histórica en San Siro. En ese momento, en el que el éxtasis y el orgullo sobrevolaban la ciudad de Milán, algo cambió. El engranaje dejó de funcionar y el equipo se vino abajo.
Una decadencia evidente
En primer lugar, el varapalo de no alzar la Serie A mermó la cohesión emocional del grupo. Ver cómo sus rivales napolitanos levantaban el entorchado en el Diego Maradona en la última jornada fue realmente negativo. El destino les presentó una oportunidad la semana siguiente: conquistar la orejona en el Allianz Arena. No obstante, el PSG de Luis Enrique les endosó un 5-0 y arrasó por completo. El mundo del fútbol quedó perplejo, dado que si había un equipo confiable defensivamente ese era el Inter de Milán. Su carácter competitivo constituía el espíritu de su modelo de juego y una derrota tan abultada causó impacto.
— Inter ⭐⭐ (@Inter) June 21, 2025
Nuevas caras, mismas sensaciones
La proximidad del Mundial de Clubes y la oferta de Al Hilal a Simone Inzaghi convergieron en la decisión de renovar la cabeza del proyecto cuatro años después de la llegada del italiano. Chivu, exjugador del Inter y leyenda del club, con 169 encuentros y el triplete histórico de 2010 a la espalda, era nombrado nuevo entrenador. La dirección deportiva acompañó su contratación de los fichajes de Sucic y Luis Henrique. Dentro de los aires de inestabilidad que se respiraban en la entidad, los movimientos que se produjeron insuflaron ilusión de nuevo.
A pesar de ello, nada ha cambiado. El barco está a la deriva y su categoría de favorito para proclamarse campeón el 13 de julio en Nueva Jersey se ha esfumado. El técnico rumano ha intentado cambiar algunos conceptos. En los primeros encuentros se ha podido ver a un equipo más dominante, que busca ser más fluido con pelota en campo rival y que quiere someter al contrario en lugar de ser tan reactivo. El problema, más allá del fútbol, radica en la actitud. El Inter parece otro. Ante Urawa, solo una jugada a balón parado les metió en el partido, ya que el bloque japonés estaba defendiendo su ventaja sin comprometerse demasiado.

Así las cosas, resta el duelo ante River para cerrar la fase de grupos. Solo una derrota les dejaría fuera. Parece utópico, pero este Inter no es el que era.