Así vive un derbi Javi Torres, un sevillista en Madrid

El derbi sevillano vuelve a encender pasiones y Javi Torres, sevillista desde pequeño, lo siente como si siguiera en Nervión

Este domingo Sevilla vuelve a dividirse en dos colores. Nervión y Heliópolis se preparan para uno de los encuentros más apasionantes del fútbol español: el derbi sevillano. Un partido que trasciende los noventa minutos y que se respira durante toda la semana en cada rincón de la ciudad.

Hemos tenido la oportunidad de hablar con Javi Torres, sevillano, sevillista, que vive actualmente en Madrid. La distancia no le impide experimentar el derbi con la misma intensidad que si estuviera en la capital hispalense. Su apoyo al Sevilla es incondicional, y más aún cuando el equipo juega en Nervión, donde la pasión se multiplica. Así vive él la previa, sus recuerdos y lo que significa ser sevillista.

A diferencia de muchas historias de afición heredada, Javi no creció en una casa rojiblanca. Lo suyo, cuenta, fue un auténtico flechazo. “En mi casa no éramos del Sevilla”, recuerda. “Una mañana de domingo de noviembre abrí la ventana y vi pasar a más de 2.000 sevillistas cantando camino del campo del Betis. Aquello me emocionó”.

Pero lo que marcó para siempre su vida ocurrió horas después. Nico Olivera protagonizó una remontada imposible: un 1–3 en Heliópolis pese a comenzar perdiendo y tras la expulsión de Pablo Alfaro. “Fue un milagro”, afirma.

Aquel día, sumado a la vibrante temporada 2000-2001 ,la primera de Caparrós y Monchi, con el equipo en Segunda, terminó de encender la llama. Empezó a ir al estadio ese mismo año, justo cuando el club iniciaba el camino que lo llevaría de vuelta a Primera.

La previa de un derbi suele vivirse entre bromas, tensión y ambiente festivo en Sevilla. Para Javi, que ahora reside en Madrid, la experiencia es distinta, aunque la pasión permanece intacta. “En la distancia, porque en Madrid no hay ambiente, ni bromas en el trabajo, ni béticos haciendo de béticos”, admite entre risas. Aun así, su grupo de WhatsApp con sus amigos del colegio, ubicado justo enfrente del Villamarín, sustituye parte de esa falta de emoción en las calles.

Javi afirma que sigue el día a día del club y tiene claro cómo vivirá el domingo: “Veré el partido en casa, y como siempre, con moral de victoria. Jugamos en casa. No hay excusas.”

El primer derbi que vio por televisión quedó grabado en su memoria: diciembre de 1994, victoria del Betis por 0–1, con Suker, Moya, Jiménez o Unzué de rojiblancos. Pero su primer derbi en el Sánchez-Pizjuán tuvo tintes legendarios: un 1–1 en Segunda División, conocido por la avalancha en la grada de los Biris.

El que más lo marcó, sin embargo, coincide con el episodio que lo enamoró del Sevilla: aquel 1–3 milagroso en Heliópolis.

Le sigue otro recuerdo especial: un derbi visto desde detrás del banquillo sevillista, rodeado de jugadores no convocados. Entre ellos, un jovencísimo Dani Alves, inquieto durante los 90 minutos, con el pelo teñido y sin poder contener la emoción. El Sevilla ganó con gol de Marcos Vales, en un equipo liderado por un eterno en la memoria sevillista: José Antonio Reyes.

Para Javi, la identidad del Sevilla no se explica solo con emociones, sino con hechos: “El Sevilla es el grande del sur de España. Es el tercer equipo español con más títulos europeos y nadie le ha regalado nada”.

Recuerda que a principios de siglo el club estaba en Segunda y con una deuda enorme. En solo cinco años no solo la liquidó, sino que levantó la UEFA de Eindhoven tras 58 años sin títulos.

“Lo que vino después —siete UEFAs, una Supercopa de Europa, dos Copas del Rey y una Supercopa de España— explica por qué el Sevilla no cae muy bien en casi ningún lado”, cuenta. Y remata con una frase que le dijo un amigo: “Hay dos tipos de equipos: los grandes y los que caen bien”.

No hay estadio igual para Javi. “El Sánchez-Pizjuán es muy caliente, parecido a los ambientes de Argentina. En España solo he vivido algo parecido en el viejo Calderón”. El Gol Norte, liderado por los Biris, es una fuerza que empuja al equipo y contagia al resto del estadio. Es una experiencia que, según confiesa, produce nostalgia cuando se vive desde lejos: “Da gusto vivir ese ambiente in situ, y mucha nostalgia seguirlo desde la distancia”.

En definitiva, la historia de Javi Torres refleja lo que hace grande al derbi sevillano: una pasión que no entiende de distancias, una identidad que se lleva en la sangre aunque no haya sido heredada y una emoción que permanece intacta, incluso desde cientos de kilómetros

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