El vacío de Barrios y el dilema de Simeone

La lesión del canterano obliga a Simeone a reconfigurar la medular en una semifinal clave ante el FC Barcelona, donde el equilibrio y el control del juego marcarán el destino de la eliminatoria
El Atlético de Madrid afronta la semifinal ante el Barcelona sin Pablo Barrios, múltiples opciones para suplirle

El último partido de Copa del Rey dejó una auténtica exhibición rojiblanca en el Estadio de La Cartuja con la goleada por 0-5 ante el Betis. Más allá del debut estelar de Ademola Lookman, el factor determinante fue el dominio absoluto del centro del campo, con un triángulo formado por Koke, Baena y Pablo Barrios que manejó el ritmo del partido a su antojo.

Sin embargo, la nota negativa de la noche fue la lesión del canterano. Tras varias semanas arrastrando molestias, una carrera terminó con Barrios llevándose la mano a la parte posterior del muslo derecho. El motor del equipo tuvo que abandonar el terreno de juego y no estará disponible para los próximos compromisos.

Un engranaje que falta en la noche clave

Simeone perdió algo más que un titular. Perdió el equilibrio. En la pasada jornada liguera optó por un centro del campo con Koke acompañado de Rodrigo Mendoza y Almada como enganche, una solución que ofreció trabajo y movilidad, pero no exactamente el mismo control que aporta Barrios.

Las opciones para acompañar al capitán no son amplias. A la baja del canterano se suma también la ausencia de Johnny Cardoso, lo que reduce todavía más el margen de maniobra. La llegada invernal de Mendoza aparece como la alternativa más natural para mantener la estructura, aunque su falta de aclimatación total y la intensidad de una semifinal pueden condicionar la decisión.

Otra de las pruebas recientes ha sido retrasar a Antoine Griezmann a la medular, buscando más pausa y capacidad creativa desde la base de la jugada. Una variante que aporta calidad, pero que resta presencia ofensiva en los últimos metros.

Con esas dudas abiertas, el partido de esta noche ante el FC Barcelona se presenta como algo más que una semifinal. Es una prueba de madurez sin una de las piezas que mejor había entendido el momento del equipo. La fortaleza defensiva, el empuje del Metropolitano y el acierto en las áreas marcarán el rumbo de una eliminatoria que se decide en 180 minutos.

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