El Betis se queda sin margen de error en la carrera por la Champions

La resaca del duelo en Bilbao ha dejado una sensación de decepción en la carrera por la Champions. El Real Betis cayó ayer por 2-1 ante el Athletic Club en un partido donde, paradójicamente, las sensaciones futbolísticas no fueron del todo malas. Sin embargo, a veces no basta con jugar bien o dominar los tiempos; se trata de áreas, y ahí es donde el equipo de Manuel Pellegrini está empezando a desangrarse en este tramo decisivo de la temporada.

Sería injusto e incluso perezoso reducir los problemas del Betis a la baja de algún nombre propio. El equipo tiene un plan, una estructura y una salida de balón que ya quisieran muchos en LaLiga. Ayer en San Mamés, los verdiblancos le quitaron la pelota a un Athletic que suele asfixiar a sus rivales, pero la posesión se convirtió en un arma de doble filo. El Betis propuso, llegó y generó, pero le faltó ese instinto asesino que diferencia a los equipos de Champions League.

El problema real no es la falta de juego, sino la falta de contundencia en las dos áreas. Mientras que el Athletic aprovechó sus zarpazos con efectividad, el Betis necesitó demasiado para inquietar de verdad a la zaga de los leones. Los de Heliópolis dominan el campo, pero se nublan al pisar la cal del área pequeña. Esa falta de «punch» está penalizando demasiado a un bloque que, por propuesta, merece mucho más de lo que dice el marcador.

La derrota en San Mamés supone un frenazo en seco en las aspiraciones béticas. Aunque la derrota del Celta en su campo ante el Alavés supone no perder puntos con la sexta plaza, los de Pellegrini desaprovecharon una oportunidad de oro para volver a desquitarse de la persecución celta.

Se empieza a notar que las piernas pesan. El esfuerzo de competir en Europa y mantener el pulso en liga está pasando factura a jugadores clave.

Pellegrini tiene ahora la difícil tarea de resetear a un grupo que siente que hace las cosas bien pero no recoge los frutos. La solidez defensiva, que fue el pilar del equipo durante los meses de invierno, ha mostrado algunas grietas por las que se están escapando puntos fundamentales.

No es una cuestión de nombres, sino de ajustes colectivos y de recuperar esa agresividad defensiva que hacía del Betis un muro infranqueable.

Con este resultado negativo, el Betis entra en una fase donde cada error puede ser definitivo. Ya no hay red de seguridad. El sueño de la máxima competición europea sigue dependiendo de ellos, pero el margen de error se ha reducido a la mínima expresión.

La afición, que ayer volvió a dar una lección de apoyo en las gradas de San Mamés, espera que el equipo recupere el colmillo en el próximo compromiso. El fútbol del Betis es vistoso y reconocible, pero ahora toca demostrar que también puede ser pragmático y letal. Marzo se despide con nubarrones, pero abril dictará sentencia sobre un proyecto que sigue teniendo el cielo como límite.

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