La situación de Dani Carvajal en el Real Madrid empieza a ser difícil de explicar. Desde que regresó de su lesión, ha jugado 27 minutos en 10 partidos (13′ contra el Mónaco y 14′ contra el Albacete). Para un futbolista cualquiera ya sería llamativo. Para el capitán del Real Madrid, directamente preocupante.
Carvajal no es un jugador cualquiera ni está ocupando una posición secundaria. El lateral derecho del Madrid es, ahora mismo, un puesto sin dueño. Arbeloa ha probado con Valverde, con Asencio, con el canterano David Jiménez y con Trent Alexander-Arnold. Mucha rotación, muchas pruebas… y ninguna solución estable. En ese contexto, cuesta entender que Carvajal no tenga más protagonismo.
La explicación oficial es la prudencia médica. El club no quiere correr riesgos con su rodilla y el cuerpo técnico considera que aún no está al cien por cien para partidos exigentes. Es un argumento razonable hasta cierto punto. Pero cuando esa cautela se traduce en no jugar ni un minuto en Mestalla, mientras otros futbolistas sin jerarquía ni experiencia ocupan su sitio, el debate es inevitable.
Carvajal se ve preparado. No se trata de pedir titularidades sin motivo. Se trata de coherencia. Si el lateral derecho es un problema sin resolver y Carvajal está disponible, debería jugar más. Al menos lo suficiente como para demostrar si puede o no recuperar su sitio. Porque decidir que no cuenta sin darle esa oportunidad es injusto y, deportivamente, poco lógico.
Hay otro factor clave: el Mundial de este verano. Carvajal sabe que sin minutos no irá. Y tiene razón. Ningún seleccionador apuesta por un jugador sin ritmo competitivo. Si el Real Madrid no le da espacio ahora, le está cerrando una puerta que, por edad y trayectoria, puede ser la última gran cita internacional de su carrera.






