El día que el Atlético tocó fondo: Oviedo y el recuerdo imborrable del descenso rojiblanco

La visita del Oviedo revive el 7 de mayo de 2000, cuando el equipo madrileño consumó su caída tras una temporada marcada por la inestabilidad y el dolor deportivo.
Luis Aragonés Oviedo

El próximo enfrentamiento liguero entre el Atlético y el Oviedo reabre una de las heridas más profundas en la memoria rojiblanca. Aquel 7 de mayo de 2000, el empate frente al conjunto asturiano certificó un descenso impensable meses antes y marcó el inicio de una travesía que acabaría redefiniendo la identidad del club.

El fútbol tiene una memoria selectiva, pero hay fechas que permanecen intactas en el imaginario colectivo. Para el Atlético, el 7 de mayo de 2000 es una de ellas. Aquella tarde, el empate frente al Real Oviedo confirmó matemáticamente el descenso a Segunda División tras una campaña convulsa, marcada por problemas institucionales, cambios en el banquillo y una plantilla incapaz de escapar de la zona baja.

Ni el regreso de Luis Aragonés, símbolo del club y referente emocional, logró revertir una dinámica que se había vuelto irreversible. El silencio en el Estadio Vicente Calderón contrastaba con la incredulidad de una afición que no concebía a su equipo lejos de La Liga. No fue solo una pérdida de categoría; fue el final de una era y el inicio de una profunda reflexión sobre el rumbo deportivo e institucional.

Lejos de convertirse en un episodio definitivo, aquel golpe actuó como detonante de la reconstrucción rojiblanca. El Atlético tardó dos temporadas en regresar a la élite, años de aprendizaje en los que el club tuvo que redescubrir su competitividad en escenarios menos glamourosos y asumir la presión de ser favorito en cada jornada.

El ascenso no solo significó volver a Primera, sino sentar las bases de una transformación que, con el paso del tiempo, desembocaría en algunos de los capítulos más brillantes de su historia reciente: títulos europeos, ligas y una identidad competitiva reconocible en todo el continente. Por eso, el cruce ante el Oviedo trasciende lo meramente deportivo. Es un recordatorio de que incluso los clubes más grandes atraviesan caídas que redefinen su carácter.

Aquella tarde del año 2000 sigue presente como advertencia y, al mismo tiempo, como símbolo de resiliencia: el día que el Atlético descendió… y empezó, sin saberlo, el camino hacia su renacimiento.

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