El duelo que siempre desafía cualquier pronóstico

Hay enfrentamientos que no necesitan una etiqueta de clásico para ser especiales. El Getafe–Real Sociedad es uno de ellos. No aparece en los grandes debates futbolísticos, no arrastra décadas de tensión ni genera discusiones interminables en tertulias. Sin embargo, cada vez que ambos equipos se cruzan, ocurre algo. El partido se rompe, se tuerce, se acelera o se vuelve imprevisible. Y esa es precisamente la esencia de un duelo que, sin pretenderlo, se ha convertido en uno de los más particulares de la Liga.

El historial entre ambos clubes es una muestra perfecta de ese equilibrio extraño que los define. En 34 enfrentamientos ligueros, la Real Sociedad ha ganado 9, el Getafe 14 y han empatado 11, con una diferencia de goles mínima: 39 para los donostiarras y 38 para los azulones. No hay dominio claro, no hay tendencia estable, no hay patrón reconocible. Cada partido parece escrito desde cero.

Los últimos años han reforzado esa sensación. La Real cayó 0–3 en casa ante el Getafe en la temporada 2024/25, un resultado tan contundente como inesperado. En la ida de ese mismo curso, el duelo terminó 0–0 en el Coliseum, un contraste absoluto con el 4–3 que Anoeta vivió en 2023/24, uno de los encuentros más vibrantes de aquella temporada. Incluso en campañas anteriores, lo habitual ha sido que cada equipo se imponga en su estadio o que el partido quede atrapado en un empate áspero y tenso. El Coliseum ha sido históricamente un campo incómodo para la Real, que solo ha logrado tres victorias en diecisiete visitas ligueras.

Más allá de los números, hay un componente emocional que convierte este duelo en algo más profundo. Getafe y Real Sociedad suelen encontrarse en momentos clave, cuando uno de los dos necesita un impulso, una reacción o una prueba de carácter. Y este viernes vuelve a suceder. Será el segundo partido del Matarazzo de la Real, un técnico que llega con la misión de reactivar un proyecto que había perdido chispa y que ahora busca un punto de inflexión. El Coliseum, con su atmósfera exigente y su historial adverso para los donostiarras, se convierte así en un escenario perfecto para medir la solidez del nuevo rumbo.

El Getafe mantiene esa identidad tan reconocible que lo convierte en un rival incómodo para cualquiera. Su estilo directo, físico y competitivo suele chocar frontalmente con la propuesta más elaborada de la Real. Esa oposición de estilos ha generado partidos intensos, duelos tácticos y encuentros donde la tensión supera a la estética. Y quizá por eso este enfrentamiento, sin ser un clásico, se vive como si lo fuera.

Lo verdaderamente fascinante es que, gane quien gane, el partido siempre deja algo. A veces es un resultado inesperado, otras un jugador que se reivindica, otras un entrenador que encuentra respuestas o que descubre nuevas dudas. Lo que está claro es que cuando Getafe y Real Sociedad se cruzan, el fútbol nunca pasa de puntillas.

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