El Girona FC volvió a evidenciar uno de los problemas que le han acompañado durante varios tramos de la temporada: la falta de pegada. El empate frente al Levante UD dejó de nuevo al descubierto el bloqueo ofensivo del conjunto catalán, capaz de dominar fases del juego pero con dificultades para transformar ese control en peligro real.
El equipo dirigido por Michel Sanchez acumuló llegadas y presencia en campo rival, aunque sin la contundencia necesaria en los metros decisivos. La sensación general fue familiar: buena circulación hasta tres cuartos de campo y escasa amenaza dentro del área.
Los números reflejan con claridad ese escenario. El Girona intentó 22 disparos a lo largo del encuentro, pero únicamente cuatro encontraron portería. Durante los primeros sesenta minutos, además, el equipo apenas generó ocasiones claras, una situación que terminó obligando al técnico a buscar soluciones desde el banquillo.
Tras el partido, Míchel reconoció abiertamente la preocupación del cuerpo técnico. A su juicio, el equipo funciona en muchas fases del juego, especialmente en la presión y en la construcción, pero pierde eficacia cuando llega el momento de decidir. Falta determinación, convicción y, sobre todo, contundencia en los metros finales.
La segunda parte dejó una imagen significativa de esa búsqueda desesperada de soluciones. Con el marcador en contra y el rival protegido cerca de su área, el entrenador movió el banquillo de forma agresiva y agotó los cinco cambios disponibles.
En ese intento por aumentar la presencia ofensiva, el técnico llegó incluso a situar a Axel Witsel como referencia en ataque, un recurso poco habitual que reflejó la urgencia del momento. Durante varios minutos, el Girona llegó a tener hasta cinco jugadores con perfil ofensivo sobre el terreno de juego.
Sin embargo, el problema no parece estar únicamente en la cantidad de atacantes, sino en la claridad de las acciones. Cuando los rivales se repliegan y cierran espacios cerca de su portería, el conjunto gerundense encuentra dificultades para romper líneas, generar ventajas o encontrar ese último cambio de ritmo que convierta el dominio en ocasiones claras.
Es una cuestión que el propio cuerpo técnico identifica como prioritaria. El Girona compite, presiona y logra controlar muchos momentos de los partidos, pero necesita transformar ese trabajo en acciones decisivas si quiere dar un salto competitivo.
La temporada entra en su fase decisiva y el equipo continúa sumando puntos con el objetivo principal de asegurar la permanencia. Pero si aspira a mirar más arriba en la clasificación, deberá resolver ese atasco ofensivo que, jornada tras jornada, amenaza con limitar su crecimiento.






