El Espanyol, atrapado en su peor arranque de año: analizamos la crisis de resultados y las dudas estructurales

Analizamos el mal arranque de año del equipo perico y sus posibles consecuencias al final de la temporada
Afición del Espanyol

El inicio de 2026 está siendo especialmente oscuro para el RCD Espanyol, que aún no conoce la victoria en lo que va de año en competición liguera. Un dato contundente que no solo refleja una mala racha puntual, sino que empieza a dibujar un escenario preocupante para un club que aspiraba, como mínimo, a transitar la temporada con estabilidad.

Aunque gracias a la gran primera vuelta del equipo perico en Liga, les ha dejado un gran margen de error para no tener muchas preocupaciones respecto a la zona baja de la tabla ya que siguen en puestos europeos pero ahora con una distancia mínima de puntos respecto a los equipos que le siguen en la tabla.

El problema no es tanto dónde está el Espanyol, sino hacia dónde apunta la tendencia. Las últimas jornadas han dejado un balance pobre en puntos, con partidos en los que el equipo ha competido, pero sin la contundencia necesaria para cerrar encuentros. Empates que saben a poco y derrotas ajustadas han ido erosionando una ventaja que se había construido con esfuerzo en la primera parte del curso.

La consecuencia es clara: la zona media-baja se ha comprimido y una mala racha prolongada podría provocar una caída rápida de puestos. En una Liga tan igualada, el colchón actual puede desaparecer en cuestión de semanas.

Otro de los factores que explican esta irregularidad es el proceso de adaptación de los nuevos jugadores incorporados. Varias caras nuevas sin experiencia en la Liga han llegado al equipo, aportando potencial pero también cierta falta de automatismos. La conexión entre líneas todavía no es fluida y, en algunos tramos de partido, se nota la ausencia de mecanismos colectivos bien consolidados.

El equipo ha perdido continuidad en su juego: hay fases aceptables, incluso buenas, pero sin regularidad durante los noventa minutos. Esa intermitencia es la que impide transformar buenas sensaciones puntuales en resultados sólidos.

La enfermería tampoco está ayudando. La ausencia de jugadores importantes ha tenido un impacto directo en el rendimiento ofensivo. Especialmente sensible es el caso de Javi Puado, cuya lesión ha privado al equipo de uno de sus referentes en ataque, tanto por gol como por liderazgo y energía en la presión alta.

Sin Puado, el Espanyol ha perdido profundidad, desequilibrio y capacidad para castigar errores rivales. Su baja ha obligado a reajustes que no siempre han dado el resultado esperado.

En el vestuario y el cuerpo técnico se insiste en la calma: la clasificación aún es buena y el margen existe. Sin embargo, la preocupación empieza a ser legítima. No por una situación crítica inmediata, sino por la sensación de que, si no se corrigen ciertos detalles —efectividad ofensiva, solidez defensiva y continuidad en el juego—, el equipo puede verse arrastrado a una dinámica peligrosa.

Las próximas jornadas serán determinantes. Recuperar efectivos, integrar definitivamente a los nuevos fichajes y volver a sumar de tres en tres se antoja fundamental para evitar que esta inquietud se convierta en un problema mayor.

El Espanyol sigue mirando hacia arriba, pero sabe que el fútbol no perdona la inercia negativa. Y en este arranque de 2026, más que pánico, lo que se respira en Cornellà es una preocupación creciente que exige reacción inmediata. Aunque Manolo González ya advirtió que el Espanyol no miraba a Europa y que la gente no se acostumbrase al «espejismo» que estaba viviendo el equipo blanquiazul en la primera vuelta liguera


Compartir: