El Getafe CF despierta: la victoria ante el Alavés que puede cambiar su temporada

Mendizorroza vivió este domingo una tarde que puede convertirse en un punto de inflexión para el Getafe. La victoria ante el Alavés no fue solo un resultado positivo: fue una declaración de intenciones, un recordatorio de que el equipo sigue muy vivo y que, cuando recupera su esencia, es capaz de competir contra cualquiera.
El conjunto azulón necesitaba un partido así. Venía de semanas irregulares, de dudas, de momentos en los que la clasificación empezaba a mirar hacia abajo más que hacia arriba. Pero ante el Alavés, el equipo recuperó su ADN, ese que tantas veces le ha permitido sobrevivir en la élite: intensidad, orden, agresividad bien entendida y una fe inquebrantable en su plan.

El partido tuvo un denominador común: el control emocional y táctico. El Getafe presionó arriba, ganó duelos, cerró líneas de pase y obligó al Alavés a jugar incómodo. Cada balón dividido parecía tener dueño azulón.
El gol llegó como consecuencia natural de esa superioridad competitiva, pero lo más importante fue la sensación de solidez. El equipo no se descompuso, no sufrió desconexiones y supo gestionar los tiempos del partido con una madurez que en jornadas anteriores había faltado.

El mercado de invierno ha sido un punto de inflexión silencioso pero decisivo. La llegada de jugadores con hambre y energía ha dado un giro al equipo, especialmente en el plano ofensivo.
Entre ellos destaca Luis Vázquez, que ha irrumpido con una mezcla de potencia, movilidad y olfato goleador que el Getafe necesitaba con urgencia. Su presencia ha permitido al equipo estirar líneas, fijar centrales y generar ocasiones con más continuidad.
No solo aporta goles: aporta carácter, trabajo sin balón y una sensación de amenaza constante que obliga a los rivales a ajustar su defensa. Su impacto ha sido inmediato y ha cambiado la dinámica ofensiva del equipo.

Jugar fuera de casa siempre exige un plus, y más en un estadio como Mendizorroza, donde el Alavés acostumbra a hacerse fuerte. Pero esta vez fue el Getafe quien marcó el ritmo del partido.
El equipo supo silenciar el ambiente, controlar los tiempos y convertir el encuentro en el tipo de batalla táctica que mejor domina. La madurez con la que gestionó los momentos de presión local fue una de las claves del triunfo.
El Getafe no solo ganó: dio la sensación de ser un equipo más hecho, más sólido y más preparado para competir lejos del Coliseum.

Con esta victoria, el Getafe se aleja de la zona baja y vuelve a engancharse a la pelea por objetivos más ambiciosos. La clasificación respira, el vestuario también.
Pero más allá de los números, lo que deja este partido es una sensación: el Getafe vuelve a ser el Getafe. Y cuando eso ocurre, la Liga lo nota.

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