Un equipo que ha perdido su sello competitivo
El Getafe vive un momento extraño, casi desconcertante, porque lo que antes era su mayor fortaleza, la intensidad, la incomodidad, la fiereza defensiva, parece haberse evaporado. Durante años, el equipo azulón se sostuvo sobre una identidad muy clara: presión coordinada, duelos ganados, segundas jugadas aseguradas y una solidez que desesperaba a cualquier rival. Hoy, esa esencia aparece solo a ratos. El equipo concede metros, pierde disputas que antes dominaba y ofrece facilidades que no formaban parte de su ADN. Cuando un equipo construido sobre la solidez deja de ser sólido, todo lo demás se tambalea.
Falta de contundencia en los momentos clave
El empate en Montilivi es el ejemplo perfecto de lo que está ocurriendo. El Getafe compitió, defendió durante gran parte del partido con orden y tuvo opciones para cerrar el encuentro, pero no lo hizo. No mató el partido cuando pudo, no gestionó bien los minutos finales y terminó pagando un error que ya no sorprende porque se repite con demasiada frecuencia. En Primera División, no rematar los partidos es una invitación al desastre, y el Girona lo aprovechó en el último suspiro.
🗣️ Esta es la línea, pero necesitamos sumar de tres en tres.
— Getafe C.F. (@GetafeCF) January 27, 2026
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Problemas de concentración y desconexiones puntuales
Los goles encajados en los tramos finales no son casualidad. Hablan de un equipo que pierde tensión, que no mantiene la atención hasta el pitido final y que sufre desconexiones que resultan letales. No parece un problema físico, sino mental. Falta liderazgo en los momentos calientes, alguien que ordene, que calme, que mande cuando el partido se vuelve emocional y cada detalle cuenta.
Un ataque que no termina de carburar
Aunque el Getafe ha mejorado en recursos ofensivos respecto a otras temporadas, sigue faltando claridad en los últimos metros. El equipo genera, pero no lo suficiente. Le cuesta conectar con los extremos, le cuesta encontrar continuidad en campo rival y le cuesta tener un delantero que marque diferencias de forma constante. Cuando no generas peligro real, cada error atrás se convierte en un drama.
𝐋𝐮𝐜𝐡𝐚.
— Getafe C.F. (@GetafeCF) January 27, 2026
𝐄𝐧𝐭𝐫𝐞𝐠𝐚.
𝐒𝐚𝐜𝐫𝐢𝐟𝐢𝐜𝐢𝐨.#ByN pic.twitter.com/VpeTVbOZze
La sensación de que el equipo juega con miedo a perder
Quizá el aspecto más preocupante es el intangible. El Getafe transmite dudas, cierta inseguridad, como si cada partido fuera una prueba de supervivencia. Y cuando juegas con miedo, acabas provocando aquello que temes. Esa falta de convicción se nota en la toma de decisiones, en la gestión de los tiempos y en la manera en que el equipo afronta los tramos finales.
Entonces… ¿Qué necesita el Getafe para reaccionar?
Recuperar su identidad, volver a ser un equipo duro, agresivo e incómodo. Ajustar la concentración en los minutos finales. Ser más valiente con balón. Y, sobre todo, creer. Porque este Getafe tiene plantilla para competir mucho mejor de lo que está mostrando. El empate en Montilivi no es solo un tropiezo: es un aviso. Un recordatorio de que, si el equipo no despierta ya, la temporada puede torcerse más de lo esperado.






