El Getafe se despierta con una pregunta incómoda: ¿y si el sábado…?

Mañana amanecerá en el sur de Madrid con una sensación que el fútbol no siempre concede: la de que algo puede pasar. No es una certeza ni un grito de guerra, pero sí una vibración que aparece cuando un equipo empieza a creer más en sí mismo que en los nombres del rival. Y este Getafe, que recibirá al Atlético, lleva semanas caminando con ese paso firme que solo dan los que ya han demostrado que pueden tumbar gigantes.

Porque no hablamos de un impulso pasajero. Este Getafe ya ha mirado a los ojos al Real Madrid en el Bernabéu y no pestañeó. Ya ha convertido el Coliseum en un lugar donde Villarreal y Betis salieron con la sensación de que allí no se regala ni un metro. El equipo de Bordalás ha recuperado esa mezcla tan suya de intensidad, orden y oportunismo, pero ahora con un matiz añadido: la convicción de que también sabe jugar, no solo resistir.

«¿Si repetimos la gesta en el Metropolitano?»

Mañana, cuando los aficionados comenten el partido en el café, en el trabajo o en el metro, el tono será distinto. No será el habitual “a ver si rascamos algo”. Será más bien un “¿por qué no?”. Porque el Getafe llega con argumentos, con futbolistas en buen momento, con un estadio que vuelve a sentirse incómodo para cualquiera y con esa energía que solo aparece cuando el equipo se reconoce a sí mismo.

El Atlético aterrizará con su peso histórico, con su plantilla y con su exigencia. Pero el Getafe llega con algo que no se compra ni se entrena: momentum. Ese estado en el que cada balón dividido parece tuyo, cada rebote cae donde quieres y cada partido grande deja de intimidar. El Coliseum, que el sábado volverá a latir como en las grandes tardes, ya ha visto este año cómo los azulones se crecían ante rivales que, sobre el papel, debían imponer respeto.

El fútbol no se juega en el papel. Se juega en el césped, en la presión alta que incomoda, en el balón parado que amenaza, en el delantero que pelea cada balón como si fuera el último. Y ahí, este Getafe está siendo un equipo incómodo, valiente y, sobre todo, creíble.

Mañana será un día de espera, de repasar sensaciones, de recordar que este equipo ya ha demostrado que puede ganar partidos que parecían imposibles. Que puede competir con cualquiera. Que puede, incluso, sorprender a quienes todavía no se han dado cuenta de que el Getafe ha vuelto a ser ese equipo que nadie quiere enfrentarse.

El sábado será otra historia. Pero hoy, mañana y hasta que ruede el balón, la pregunta seguirá flotando en el aire del sur de Madrid, casi susurrada, casi traviesa: ¿Y si esta vez también…?

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