El Girona vuelve a tropezar con la misma piedra: la falta de gol

El Girona FC volvió a mirarse al espejo en Estadio El Sadar y la imagen no fue nueva. Más allá del resultado ante CA Osasuna, el partido dejó al descubierto una carencia que se repite con demasiada frecuencia: la falta de colmillo en ataque.

No fue solo la derrota ni el contexto de un campo siempre exigente. Fue una sensación más profunda, casi estructural. El equipo compite, resiste y por momentos controla los partidos, pero cuando llega a los metros decisivos se diluye. Le cuesta transformar el juego en ocasiones reales y, sobre todo, en goles.

No es la primera vez que ocurre esta temporada en LaLiga. El patrón se repite: buenas fases de circulación, presión efectiva y cierto dominio territorial, pero poca contundencia en el área rival. Una desconexión que impide al equipo traducir su propuesta en resultados.

El problema no es tanto de intención como de ejecución. El Girona llega, pero no amenaza. Se instala en campo contrario, pero no golpea. Y en una competición tan igualada, esa falta de eficacia termina marcando diferencias.

Para el equipo de Michel Sanchez, el reto va más allá de sumar puntos. Se trata de dar un paso competitivo que le permita cerrar partidos, puntuar lejos de casa y aspirar a algo más que la permanencia, quizás Europa. Pero para eso necesita resolver su principal asignatura pendiente: el gol.

Porque mientras no aparezca ese instinto cazador, ese último toque o esa agresividad en el área, el equipo seguirá moviéndose en una zona intermedia. Compitiendo, sí. Pero sin dar el salto, y los aficionados quieren ver ese Girona que enamoró a LaLiga hace un par de años, consiguiendo esa histórica tercera plaza.

El diagnóstico está claro. Falta gol. Y sin él, cualquier ambición se queda a mitad de tabla.

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