El PSG se encuentra en el momento estelar más de su historia reciente. Los parisinos tienen ante sí la posibilidad de conquistar cuatro títulos esta temporada: Ligue 1, Champions League, Coupe de France y el Mundial de Clubes.
Este nivel de excelencia y dominancia por parte del conjunto liderado por Luis Enrique, con un fútbol espectacular y victorias contundentes, como por ejemplo: el 5-0 ante el Inter de Milán en la final de la Champions, el 4-0 ante Atlético y Real Madrid, o incluso, el 2-0 ante el Bayern de Múnich acabando con 9 jugadores; invita a compararlo con dos de los equipos más icónicos de la historia reciente: el FC Barcelona de Pep Guardiola y el Bayern Munich de Hansi Flick.
Similitudes entre el PSG y el Barça de 2008
El Barça de Guardiola (2008-2012) redefinió el fútbol con su ‘tiki-taka’ y sus 14 títulos levantados, entre los que destacan dos Champions League y tres Ligas.
Su trío de centrocampistas (Xavi, Busquets e Iniesta) controlaba los partidos con una posesión abrumadora, mientras que Lionel Messi aportaba la genialidad definitiva.
El actual PSG, con Vitinha, João Neves y Fabián Ruiz en el medio, emula ese dominio, pero añade transiciones explosivas lideradas por Ousmane Dembélé, Khvicha Kvaratskhelia o Desiré Doué en la punta de la lanza.
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— Paris Saint-Germain (@PSG_espanol) July 9, 2025
El Bayern de Flick, otro espejo en el que mirarse
Por otro lado, el Bayern de Flick en 2019-20 logró un sextete histórico, con un fútbol directo y letal a través de jugadores como Lewandowski y Müller. Los ‘bávaros’ arrasaron en la Bundesliga y la Champions con un 8-2 inolvidable ante el Barça.
El PSG de hoy comparte esa capacidad para demoler rivales, pero su estilo es más versátil (combinando posesión con contragolpes fulminantes). Sin embargo, el Bayern de Flick tuvo una intensidad más constante en menos tiempo, algo que PSG aún debe consolidar.
Con la final del Mundial de Clubes a la vista frente al Chelsea, el PSG está a un paso de su cuarto título. Si lo logra, se consolidará como un equipo de época, aunque aún le falta la consistencia histórica del Barça de Guardiola o la perfección efímera del Bayern de Flick.