El Rayo salva un punto sobre la bocina

Ratiu rascó un empate en un partido gris de los de Íñigo gracias a un penalti revisado por el Var en el minuto 103

El Rayo salva un punto sobre la bocina. Los de Íñigo no firmaron su mejor noche en Gotemburgo, pero rescató un empate en el último suspiro que sabe a gloria. En una cita europea marcada por la espesura y la falta de ritmo, los franjirrojos tiraron de orgullo y corazón para arañar un punto en el minuto 90+13, gracias a un penalti revisado por el VAR que convirtió Andrei Ratiu con sangre fría. El 2-2 final deja al Rayo segundo de grupo, invicto, y con la sensación de que aún tiene mucho margen de mejora.

Los de Iñigo Pérez salieron mejor, más intensos, y encontraron premio temprano. En el minuto 15, Álvaro García definió con clase una contra trazada por Camello y el propio Ratiu. Parecía todo controlado. Pero el Rayo bajó una marcha y el Häcken, empujado por su gente, lo aprovechó. Primero empató con un gol de Julius Lindberg al borde del descanso. Luego, en el 55’, Isak Brusberg le dio la vuelta al marcador tras una jugada desordenada en el área.

El partido se descompuso, el Rayo no encontraba claridad, y el Häcken olía la sangre. Pero en el añadido, en la última bola del encuentro, una plancha sobre Álvaro en el área sueca acabó con revisión del VAR. Penalti. Ratiu no dudó. La mandó adentro y firmó un empate agónico, con más corazón que fútbol, pero con un valor tremendo para la clasificación y la moral.

En un partido gris del Rayo, el internacional rumano fue el único que nunca bajó los brazos. Subió una y otra vez la banda como si el marcador no pesara, como si el frío sueco no existiera. Y cuando el reloj marcaba el minuto 90+13, le tocó asumir la responsabilidad más pesada de la noche.

Penalti. Todo en silencio. Los nervios, el VAR, el punto que se escapaba… y Ratiu, sin pestañear, colocó el balón en el punto fatídico. Lo miró, respiró hondo y lo mandó a la red con la tranquilidad de un veterano. Fue su primer gol oficial con la camiseta del Rayo, y no podía haber llegado en mejor momento.

Más allá del tanto, Ratiu completó un partido notable: seguro atrás, contundente en el cuerpo a cuerpo y valiente para ofrecer salidas en ataque cuando el equipo estaba atascado. Fue el jugador más constante del partido, y acabó coronando su actuación con ese penalti que dio aire, esperanza y un punto que puede valer oro en la clasificación.

En un equipo con nombres más sonoros, Ratiu se ha ganado ya un hueco en la lista de los que nunca fallan. Un futbolista discreto, de trabajo silencioso… pero que cuando hay que dar un paso al frente, lo da. Y en Europa, eso se recuerda.

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