Durante semanas hemos escuchado que el Real Madrid no juega a nada, que la temporada está tirada a la basura, que el equipo no compite y que el proyecto es un fracaso. Y puede que en muchas cosas haya parte de verdad. El juego no convence, el nivel colectivo está lejos del ideal y el FC Barcelona, futbolísticamente, ha estado por encima. Pero hay un dato que lo cambia todo: el Real Madrid es líder de La Liga.
Y lo es habiendo destituido a Xabi Alonso en enero. Lo es con un nivel de juego irregular y con un ambiente que en muchos momentos ha sido más de crisis que de estabilidad. A pesar de todo eso, el Madrid está arriba. Se puede criticar el juego. Se puede señalar la falta de identidad, la poca fluidez en el centro del campo o los problemas defensivos. Todo eso es real. Pero también es real que el equipo compite. Y competir en medio del ruido tiene mérito.
La Copa se perdió ante el Albacete en octavos. La Supercopa se perdió en la final contra el Barça y peleándola hasta el final. Duele, claro que duele. Pero los dos grandes títulos de la temporada siguen abiertos. En Liga, el Madrid depende de sí mismo. En Champions, aunque el camino sea difícil, también sigue vivo. Eso es lo importante.
Hay una diferencia enorme entre jugar mal y estar muerto. El Real Madrid no está jugando bien, pero tampoco está muerto. Y en este club, cuando estás vivo en febrero, todo es posible. Se habla mucho del nivel de juego, pero poco de la clasificación. Y la clasificación dice que el Madrid es líder.
La temporada no está siendo brillante. Pero tampoco está perdida. Y mientras eso sea así, dar por enterrado al Real Madrid suele ser un error.






