En el Real Madrid se ha instalado una idea clara: el fútbol moderno no perdona a quien baja el ritmo. Da igual la calidad, el prestigio o la profundidad de la plantilla, sin actitud, sin un esfuerzo constante, no hay plan que se sostenga. Esta es la reflexión que recorre Valdebebas durante estos días convulsos, un pensamiento que los propios jugadores empiezan a verbalizar sin excusas: «hay que correr más, hay que competir mejor y hay que hacerlo siempre«. Se acabó lo que algunos dentro del club reconocen como una “intensidad selectiva”, esa tendencia a apretar solo en noches grandes y contra rivales de primera línea.
Desde dentro del vestuario se señala con claridad la responsabilidad: “Esto es cosa nuestra, no del míster”, admiten. La plantilla, que ha cerrado filas en torno a Xabi Alonso, entiende el mensaje que transmite el técnico y asegura estar “al cien por cien” con él. La reacción ante el Manchester City, aunque no sirviera para sumar, dejó una sensación diferente: por primera vez en semanas, el equipo compitió como exige un gigante europeo, con energía, orgullo y una seriedad que se echaba de menos. La derrota dolió, pero también abrió los ojos.
Los jugadores del Real Madrid asumen las consecuencias
"Nosotros no vemos esto como un examen para @XabiAlonso. Estamos detrás del míster".
— Fútbol en Movistar Plus+ (@MovistarFutbol) December 10, 2025
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Voces autorizadas del equipo también han dado un paso al frente. Thibaut Courtois, siempre frontal, fue contundente: “Es normal que se critique cuando estás en mala racha, pero hoy hemos demostrado que no somos un equipo muerto”. Asensio reforzó ese mensaje y blindó a Xabi Alonso: “El vestuario entiende lo que pide el míster. Lo único que podemos hacer es cambiar la actitud. Hoy se ha visto un paso adelante”.
Por primera vez, la plantilla ha mirado al espejo sin titubeos. Reconocen que el problema ha estado en su propia implicación y que ahora toca “bajar al barro”. La primera muestra de ese compromiso llegó tras el último tropiezo previo a la Champions, con un partido mucho más serio y reconocible.
Al término del encuentro, la imagen fue significativa: jugadores abatidos, silenciosos, conscientes de que el esfuerzo había sido grande pero insuficiente. Aun así, queda la certeza de que el camino es ese. Algo se ha movido dentro del grupo. Y el mensaje interno es inequívoco: “Estamos a muerte con el entrenador”.






