Getafe CF y RC Celta chocan sin tregua en un empate que sabe a poco

El equipo de Bordalás arrancó el partido con una intensidad que desbordó al Celta. Presión alta, agresividad en los duelos y una energía que obligó a los gallegos a retroceder. El Coliseum empujaba y el Getafe respondía con un fútbol directo, vertical y muy reconocible.

En ataque, Luis Vázquez y Martín Satriano se fajaban con los centrales, bajando balones y peleando cada envío largo. Por detrás, el triángulo formado por Mario Martín, Mauro Arambarri y Luis Milla sostuvo al equipo: presión tras pérdida, ayudas constantes y mucha pierna en cada disputa. Durante buena parte de la primera mitad, el Celta apenas pudo salir con claridad desde atrás.

No hubo ocasiones clamorosas, pero sí una sensación permanente de que el Getafe estaba más cerca del gol que su rival. Cada balón parado, cada centro lateral, cada segunda jugada caía cerca del área de Radu, obligado a mandar en su defensa para evitar males mayores. El Celta sobrevivía, pero no mandaba.

El descanso cambió el paisaje. El Celta salió con otra cara, más decidido, más valiente y con una circulación de balón mucho más fluida. La posesión pasó a ser celeste, y con ella llegaron los mejores minutos del equipo de Claudio Giráldez.

Ilaix Moriba empezó a aparecer entre líneas, Marcos Alonso se soltó más por el costado y el equipo gallego comenzó a instalarse en campo rival. El Getafe, que había dominado con claridad en la primera parte, empezó a sufrir. Las líneas se fueron hundiendo, la presión dejó de ser efectiva y el equipo azulón se vio obligado a defender cada vez más cerca de su portería.

David Soria tuvo que intervenir en varias ocasiones para evitar el 0-1, sosteniendo a los suyos cuando más apretaba el Celta. El tramo final fue prácticamente un monólogo visitante: centros laterales, combinaciones por dentro, disparos desde la frontal… El Celta lo intentó de todas las maneras posibles, pero le faltó esa chispa final, ese último pase o ese remate limpio que convierte un buen partido en una victoria.

El Getafe, mientras tanto, se aferraba al punto. Bordalás movió el banquillo para refrescar piernas y cerrar aún más su área, asumiendo que el partido ya no estaba para golpes de ida y vuelta, sino para resistir.

Tras el pitido final, las declaraciones dejaron titulares importantes.

Luis Milla, en Movistar+, fue especialmente claro. Reconoció que el equipo había completado “una primera parte meritoria”, pero admitió sin rodeos que en la segunda “nos han sobrepasado”. El centrocampista insistió en que el grupo necesita “dar un paso adelante y cambiar la dinámica cuanto antes”. Y dejó caer un mensaje que resonó en el Coliseum: si el club lo permite, cree que “hace falta un refuerzo más”. Una frase que no solo refleja la preocupación interna, sino que también apunta directamente a la dirección deportiva y a la necesidad de añadir recursos para salir del bache.

En el lado celeste, Marcos Alonso, también ante Movistar+, destacó la dureza del rival: “Ellos no te lo ponen fácil”, afirmó. El defensa valoró el trabajo atrás, donde el Celta estuvo sólido, pero lamentó la falta de lucidez en los metros finales: “Nos ha faltado claridad arriba porque en defensa hemos estado muy bien”. Sus palabras resumen a la perfección la sensación del equipo: dominio, empuje, pero sin premio.

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