La carta del FC Barcelona a los Reyes Magos

2026 será un año de vital relevancia a nivel institucional, económico y deportivo

En apenas dos días, 2025 pasará a la historia. Para unos pudo ser un año similiar a los anteriores, mientras que para otros fue un curso revelador. Es el caso del Barcelona. El conjunto azulgrana, sumido en aguas revueltas a lo largo del último lustro, ha conseguido recuperar su posición en la zona noble del fútbol mundial. Tres títulos y un estilo de juego insaciable cimentaron el poso de un equipo que marcó el camino la temporada pasada y que aspira a seguir derribando muros en 2026.

Allá por estas fechas hace un año, el cuadro catalán afrontaba la Supercopa de España con más dudas que certezas. Y es que, entre que arrancó el particular «Shit November» (derrota el 10 de noviembre ante la Real Sociedad por 1-0) y el 4 de enero (último choque previo a la Supercopa en el que vendió al Barbastro por 0-4), el escuadrón de Hansi Flick no conoció la victoria en 6 de 10 encuentros. Especialmente, el duelo perdido frente al Atlético de Madrid en Montjuic justo antes del parón navideño por un gol de Sorloth en el último minuto supuso un golpe bajo a la moral de los jugadores.

Sin embargo, el torneo celebrado en Arabia fue un punto de inflexión. El bloque culé elevó sus prestaciones al máximo y se hizo con el trofeo tras despedazar al Real Madrid en la final (2-5). Desde entonces, la temporada adquirió otro aroma y el Barcelona acabó tocando metal en varias ocasiones: dio la vuelta a la situación en LaLiga y ganó la Copa imponiéndose de nuevo al conjunto blanco en la final (3-2). Empero, la Champions se le resistió una vez más, pese a que se quedó a unos minutos de alcanzar la final en la vuelta frente al Inter de Milán en el Guiseppe Meazza (4-3).

Así las cosas, en Italia nació el nuevo punto de partida para el Barcelona. La aciaga noche del 6 de mayo motivó el germen de la principal ambición del equipo cara al 2026: levantar la Copa de Europa más de diez años después. Desde que conquistó el entorchado en 2015 en Berlín de la mano de Luis Enrique, el combinado azulgrana solo ha llegado a dos semifinales: en la 18/19 sucumbió en Anfield en una remontada memorable del Liverpool (4-0) y en la citada eliminatoria de la 24-25 ante el Inter. El batacazo en Milán aleccionó a los chicos de Flick acerca de cuestiones de experiencia, de modo que ahora afrontan el tramo decisivo de la competición en mejores condiciones. Todo ello, bajo el respaldo de un potencial futbolístico que ha vuelto a aflorar en los últimos encuentros.

Por lo tanto, el epicentro de la lista de deseos del club para 2026 es claro. Además, la conexión histórica del Barça con el ámbito nacional es evidente. Es inequívoco que revalidar el título liguero (sería el 29º en los anales de la entidad) , mantener su estatus como el «Rey de Copas» (sería la 33º) y volver a alzar la Supercopa en Yeda (la 16ª) son objetivos de carácter prioritario.

En paralelo, emergen diversas metas en otros perímetros. En el terreno económico, la institución de la ciudad condal anhela instalarse completamente en la regla 1:1 del Fair Play para convivir con una realidad financiera menos asfixiante. Los dirigentes esperan disponer de unas arcas más saludables con tal de afrontar operaciones que empiezan a antojarse necesarias, como son la incorporación de un central (tras la lesión de gravedad de Christensen, el Barcelona solo tiene en nómina a Cubarsí, al reconvertido Gerard Martín, a un Eric García asentado en la medular y a un Araújo que acaba de regresar a los entrenamientos después de su baja por dificultades psicológicas) y la búsqueda de un delantero centro que reemplace a Lewandowski. El contrato del ariete de 37 años vence en 2026 y el radar de sondeo está activado.

El fichaje definitivo de Rashford, jugador por el que el club mantiene una opción de compra de 30 millones en el mercado veraniego, y sendas renovaciones de Flick y Ferran Torres, cuyos vínculos expiran en 2027, también son propósitos principales en la agenda. En cualquier caso, todas las pretensiones están supeditadas a lo que decida el pueblo culé en las elecciones a la presidencia, que han de celebrarse entre el 15 de marzo y el 15 de junio.

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