La cronología del enfado de Vinicius y su «tiro en el pie»

Vinícius celebrando su gol ante el Villareal / Via: X @realmadrid

El último Clásico entre Real Madrid y Barcelona ha dejado una imagen que promete ser una de las más comentadas de la temporada: el enfado de Vinicius Junior tras ser sustituido por Xabi Alonso. El brasileño, quien había sido uno de los protagonistas indiscutidos en el ataque blanco, no ocultó su enfado al ver que su dorsal aparecía en la tablilla del cuarto árbitro en el minuto 73.

Con el Real Madrid defendiendo una ligera ventaja y el Barça creciendo en el juego, Xabi Alonso decidió meter piernas frescas. Uno de los cambios elegidos como el de Rodrygo por Vinicius. La decisión del técnico vasco sorprendió al brasileño, que respondió en el mismo césped con gestos de incredulidad. El 7 del Real Madrid repitió insistentemente “¿Yo? ¿Yo? ¡Míster, míster!” mientras caminaba contrariado hacia la banda. Lejos de dirigirse directamente al banquillo, el extremo marchó entre protestas hacia el vestuario. Durante el recorrido donde las cámaras y los micrófonos captaron palabras como “mejor me voy del equipo” o incluso «a tomar por culo» en portugués.

El brasileño permaneció en el vestuario durante unos minutos, pero ya en el tiempo de descuento, decidió salir y sentarse en el banquillo. Esta actitud ha generado malestar tanto en el vestuario como entre la afición y los altos cargos del club, quienes ven con preocupación la serie de gestos. Bajo la gestión de Xabi Alonso, Vinicius apenas ha jugado partidos completos, mientras compañeros como Mbappé suelen acabar los encuentros sobre el césped, lo que ha incrementado la sensación de pérdida de protagonismo en el brasileño y alimentado el debate sobre su rol en este nuevo Real Madrid.

La situación actual de Vinicius Junior en el Real Madrid revela una contradicción flagrante en su comportamiento. El extremo brasileño, conocido por su carácter volcánico y sus polémicas con rivales y aficiones contrarias, ha traspasado el umbral de la autodestrucción al mostrar esa misma mala actitud hacia su propio equipo y cuerpo técnico. Si durante años su narrativa fue la de un jugador que solo sacaba su lado más rebelde como defensa frente a la hostilidad externa, el reciente episodio en el Clásico ante el Barcelona desmiente ese relato y pone en evidencia un conflicto interno creciente.

Su reacción tras la sustitución, los gestos de desaprobación y frases como “mejor me voy del equipo” no solo alimentaron la incomodidad del vestuario, sino que también reflejan el coste de no controlar el carácter. Ahora ese fuego no arremete únicamente contra adversarios o gradas hostiles, sino que amenaza la estabilidad del propio grupo blanco y la relación con quienes hace meses le defendían a capa y espada ante la opinión pública

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