La denuncia de Vinicius activa el protocolo antirracismo y deja un caso abierto en Lisboa

Benfica–Real Madrid estuvo detenido cerca de diez minutos tras la denuncia de jugador brasileño. El club blanco cerró filas con su jugador, el Benfica defendió a Prestianni y el debate sobre la eficacia del protocolo de la FIFA volvió a abrirse
Jugadores del Real Madrid celebrando el gol de Vinicius tras el Benfica / Via: X @realmadrid

El encuentro entre el Real Madrid y el Benfica en el Estadio da Luz quedó marcado de forma irreversible en el minuto 52. Instantes después de que Vinicius Jr. adelantara al conjunto blanco con un gol de gran calidad. Tras la celebración del tanto, el delantero brasileño se dirigió con urgencia al árbitro principal para comunicarle que había sido objeto de un insulto racista por parte de Gianluca Prestianni. Según relató el propio jugador del Real Madrid, el futbolista argentino del Benfica le habría llamado “mono”, pronunciando el insulto con la camiseta tapándole la boca. Un gesto que Vinicius interpretó como un intento deliberado de evitar ser leído en los labios.

Tras escuchar la denuncia sobre el césped, Letexier activó de inmediato el protocolo antirracismo vigente cruzando los brazos en forma de aspa a la altura de las muñecas. Una señal visual reconocida a nivel internacional que da inicio al primer nivel del procedimiento establecido por la FIFA. El gesto del colegiado provocó la inmediata interrupción del encuentro. Vinicius decidió sentarse en el banquillo como forma de protesta, mientras varios compañeros se agruparon a su alrededor en señal de apoyo y se valoró incluso la posibilidad de no continuar el partido.

Durante aproximadamente ocho minutos, el juego permaneció detenido sin que existiera prueba audiovisual concluyente del presunto insulto, una circunstancia que el propio árbitro transmitió a algunos jugadores del Real Madrid. Finalmente, tras aplicar únicamente el primer nivel del protocolo, que contempla la interrupción del partido y la advertencia correspondiente, el colegiado decidió reanudar el encuentro. La reanudación se produjo en un ambiente claramente enrarecido, con el estadio dividido, los jugadores del Real Madrid indignados y el foco del partido desplazado definitivamente del plano deportivo a un debate mucho más profundo sobre el racismo en el fútbol de élite.

Tras el encuentro, el vestuario madridista cerró filas de manera inmediata y contundente en torno a Vinicius Jr., trasladando un mensaje de unidad y tolerancia cero frente a cualquier comportamiento racista. El primero en expresarse fue Kylian Mbappé, que compareció ante los medios y fue especialmente duro en su valoración del presunto insulto. El delantero aseguró que el jugador del Benfica “dijo cinco veces a Vinicius que era un mono”. Calificó la situación como “terrible para el fútbol mundial”, subrayando que este tipo de actitudes no pueden tener cabida en la Champions League. Mbappé reclamó a la UEFA que actúe con firmeza y afirmó que, en su opinión, “un jugador así no merece volver a jugar esta competición”.

El francés insistió además en que el equipo estuvo dispuesto a abandonar el terreno de juego si Vinicius así lo decidía. Remarcando que la postura del grupo fue clara desde el primer momento. “Cualquier cosa que quisiera hacer Vini, la íbamos a hacer como equipo”. Dejando claro que el resultado del partido quedó en segundo plano frente a la gravedad del episodio. Mbappé recalcó que los futbolistas tienen la responsabilidad de dar ejemplo y proteger los valores del deporte. Especialmente en un escenario como la Champions League, seguido por millones de aficionados en todo el mundo.

En la misma línea se manifestó el entrenador, Álvaro Arbeloa, que compareció en rueda de prensa para defender sin matices la versión de su jugador. “Preguntadle al jugador del Benfica lo que le ha dicho a Vini Jr. Todos en el mundo del fútbol merecemos una respuesta”, declaró el técnico, quien fue tajante al afirmar que cree plenamente el relato del brasileño. Arbeloa subrayó que jamás pondrá en duda la palabra de Vinicius. Recalcó que la tolerancia con el racismo debe ser “absoluta” en el fútbol actual.

El técnico explicó además que el equipo valoró seriamente la posibilidad de no continuar el partido. “Si hubiera querido marcharse, nos habríamos ido con él”. Afirmando que lo sucedido en Lisboa no puede normalizarse y supone un recordatorio de que el fútbol aún tiene una deuda pendiente en la lucha contra la discriminación, incluso en el máximo nivel competitivo.

Horas después del encuentro, el Benfica rechazó públicamente la versión ofrecida por los jugadores del Real Madrid. Cerró filas en torno a Gianluca Prestianni, señalando la ausencia de pruebas concluyentes sobre el presunto insulto racista. El club lisboeta difundió mensajes de apoyo al futbolista argentino, acompañados de imágenes del jugador y del lema “juntos, a tu lado”. Cuestionó que, dada la distancia entre los protagonistas, otros futbolistas pudieran haber escuchado con claridad lo que se afirma que fue dicho.

El propio Prestianni rompió su silencio de madrugada a través de sus redes sociales para negar de forma tajante cualquier comportamiento racista. En su comunicado aseguró que “en ningún momento dirigí insultos racistas a Vinicius Júnior”. Afirmando que el delantero del Real Madrid “malinterpretó lo que cree haber escuchado”. El futbolista argentino lamentó las amenazas recibidas tras el partido, defendiendo que taparse la boca con la camiseta es un gesto habitual entre los jugadores.

Prestianni insistió en su inocencia y cuestionó que no hubiera una reacción inmediata por parte de otros futbolistas en el momento de los hechos. “Acusar de algo tan grave no está bien, y menos cuando no es verdad”, reiterando que se le ha señalado sin pruebas y denunciando una condena pública prematura. El Benfica respaldó esta postura y subrayó que las imágenes disponibles no permiten confirmar el contenido de las palabras intercambiadas tras el gol.

Desde el club portugués se evitó cualquier condena al jugador y se insistió en que confían plenamente en su versión, a la espera de que los organismos competentes analicen lo ocurrido. Esta posición frontalmente opuesta a la del Real Madrid ha añadido un nuevo foco de tensión, a un caso que amenaza con prolongarse fuera de los terrenos de juego.

El episodio en Da Luz ha vuelto a poner en el centro del debate la eficacia real del protocolo antirracismo FIFA, aplicado en sus competiciones. Aunque el procedimiento fue activado conforme al reglamento su aplicación práctica dejó sensaciones encontradas. El partido estuvo detenido durante cerca de diez minutos. Pero se reanudó sin que se produjera un anuncio claro al público del estadio ni una medida adicional que aportara una sensación de protección efectiva al jugador denunciante. Tampoco hubo consecuencias inmediatas sobre el terreno de juego, más allá de la pausa temporal.

El protocolo contempla tres niveles de actuación progresiva, desde la interrupción inicial hasta la posible suspensión definitiva del partido si el comportamiento persiste. Sin embargo, ayer solo se aplicó el primero, pese a la gravedad de la acusación y al impacto visible que tuvo en el futbolista afectado y en el desarrollo emocional del encuentro. La ausencia de pruebas audiovisuales concluyentes volvió a evidenciar una de las principales limitaciones del sistema. Con la dificultad de actuar con contundencia cuando los insultos se producen de forma verbal, breve y sin respaldo tecnológico claro.

El propio Vinicius cuestionó públicamente la utilidad del protocolo tras el partido, calificándolo de “mal ejecutado”. Señalando que no sirvió para protegerle ni para enviar un mensaje disuasorio contundente. El hecho de que el jugador recibiera una tarjeta amarilla por su celebración antes de denunciar el insulto añadió aún más ruido a la escena y reforzó la percepción de que, en la práctica, la carga emocional y mediática sigue recayendo sobre la víctima.

Lo ocurrido volvió a situar a Vinicius Jr. en el centro de una problemática que el fútbol europeo aún no ha resuelto de forma definitiva. Más allá de la victoria del Real Madrid, el partido quedó marcado por un episodio que desplazó el foco del juego hacia un debate mayor sobre la protección de los futbolistas frente a los insultos racistas. La aplicación del protocolo permitió que el encuentro continuara. Pero no evitó que quedaran dudas sobre su capacidad para ofrecer una respuesta clara y eficaz en situaciones de alta tensión.

El caso sigue abierto a la espera de que los organismos competentes analicen lo sucedido y determinen si existen responsabilidades disciplinarias. Mientras tanto, las posiciones de los implicados permanecen firmemente enfrentadas. El Real Madrid mantiene su respaldo total a Vinicius, el Benfica defiende a su jugador y el debate se extiende más allá del terreno de juego. El caso de Lisboa se suma así a una lista creciente de incidentes que alimentan la sensación de que, pese a los avances normativos, el fútbol aún no ha encontrado una herramienta plenamente eficaz para erradicar el racismo de los campos.

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