El panorama ha dado un giro radical en el centro del campo del Girona FC. No hace tanto, la sensación era de orfandad. La salida de Aleix García dejó un vacío difícil de llenar: el equipo perdió al futbolista que marcaba el ritmo, ordenaba la circulación y conectaba todas las piezas. Durante dos temporadas, el conjunto gerundense vivió entre intentos fallidos, lesiones y perfiles que no terminaron de asentarse. El caso de Jhon Solís simbolizó esa etapa: talento evidente, pero sin la continuidad ni el contexto necesarios para consolidarse.
Hoy la fotografía es distinta. Mucho más luminosa. La llegada de Fran Beltran en el mercado de invierno ha actuado como punto de inflexión. El madrileño ha aportado orden, agresividad y una lectura táctica que el equipo necesitaba con urgencia. Su presencia ha equilibrado al bloque y ha permitido que los interiores jueguen con mayor libertad. Su adaptación ha sido natural, casi inmediata, hasta convertirse en pieza estructural.
A su lado, Thomas Lemar atraviesa su mejor momento desde que aterrizó en Montilivi. Tras meses de adaptación y recuperación física, el francés ha encontrado continuidad y confianza. Se le ve más participativo, más vertical y con mayor incidencia en los metros finales. La lesión de Azzedine Ounahi le abrió espacio en la rotación y ha sabido aprovechar la oportunidad.
Otra de las notas destacadas ha sido el rendimiento de Axel Witsel. A sus 37 años, el belga ha aportado jerarquía, inteligencia posicional y una experiencia que se percibe en los momentos de mayor tensión. Su capacidad para interpretar el juego y sostener al equipo desde el equilibrio ha sido un valor añadido que pocos esperaban con tanta continuidad.
También Ivan Martin ha recuperado sensaciones tras una campaña irregular. Más liberado y arropado por una competencia sana, ha vuelto a mostrar su capacidad para irrumpir desde segunda línea y conectar con los hombres de ataque, sumando dinamismo y llegada.
Y el margen de crecimiento es aún mayor. Ounahi está cerca de regresar tras superar su lesión, lo que añadirá creatividad y desequilibrio en el último tercio. Mientras tanto, Claudio Echeverri espera su oportunidad, consciente de que su talento en espacios reducidos puede marcar diferencias en partidos cerrados.
De la escasez a la abundancia. De la búsqueda urgente de un pivote organizador a una medular con variantes, perfiles complementarios y competencia real. El Girona ha transformado su sala de máquinas en uno de sus principales argumentos para creer en algo más que la permanencia.






