Everton atraviesa una temporada marcada por un síntoma incómodo: la esterilidad ofensiva. No es una crisis ruidosa ni un derrumbe estrepitoso, sino algo más corrosivo, más persistente. Un déficit de gol que se repite jornada tras jornada y que expone, con crudeza estadística, un mercado de fichajes que no resolvió lo esencial.
Las métricas son elocuentes y, a la vez, despiadadas. Everton se ha instalado entre los equipos menos goleadores de la Premier League, un torneo donde la supervivencia suele escribirse con goles y no con buenas intenciones. La producción ofensiva es escasa, fragmentada y carente de continuidad, como si el área rival fuera un territorio ajeno.
Kiernan Dewsburry-Hall, el máximo goleador de Everton
El dato más revelador -y también el más inquietante- es que el máximo goleador del equipo no es un delantero, sino un centrocampista. Kiernan Dewsbury-Hall, fichado en agosto de 2025, lidera la tabla interna con apenas 5 goles en 25 fechas. Un registro modesto que, sin embargo, alcanza para encabezar una lista que evidencia el problema estructural del plantel.
El segundo nombre en esa nómina tampoco ofrece consuelo. Thierno Barry, delantero centro, iguala esa cifra con cinco anotaciones. Su aporte, aunque honesto, no alcanza para disimular una carencia más profunda: Everton no tiene un goleador que condicione defensas, que fuerce replanteamientos, que altere el curso natural de los partidos.
La crítica más severa recae sobre el dorsal nueve. Beto, delantero de Guinea-Bissau, guineano-bisauguineano, de 28 años, apenas registra 3 goles en 25 partidos. Es cierto: solo ha sido titular en ocho encuentros, pero incluso considerando ese atenuante, su impacto resulta exiguo para un equipo que necesita goles con urgencia.
El problema, entonces, no es solo de nombres, sino de planificación. El mercado del Everton no logró equilibrar la balanza ofensiva ni dotar al equipo de un referente fiable en el último tercio del campo. Las cifras no acusan mala fortuna, sino una construcción incompleta, una apuesta que quedó corta antes de empezar.
Así, Everton camina la temporada con una sensación de insuficiencia permanente. No porque falte esfuerzo o despliegue, sino porque el gol -ese recurso básico, casi primitivo- no aparece. Y cuando el máximo artillero viste de mediocampista, el diagnóstico deja de ser circunstancial para volverse estructural.
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— Everton (@Everton) February 9, 2026






