Matarazzo y el cambio de tono en la Real Sociedad

La Real Sociedad ha decidido intervenir en el punto donde nacen todas las ideas: el banquillo

La llegada de Pellegrino “Rino” Matarazzo no es solo un relevo de entrenador, sino una corrección de rumbo. El club busca algo más que estabilidad: quiere volver a marcar el ritmo de los partidos.

El técnico estadounidense, con pasado reciente en la Bundesliga y contrato hasta 2027, asume el reto de reordenar un equipo que había perdido claridad, intensidad y continuidad competitiva.

Matarazzo no aterriza en Donostia como un salvador exprés. Su perfil encaja con proyectos que necesitan estructura antes que fuegos artificiales. En Stuttgart y Hoffenheim dejó una huella reconocible: equipos compactos, agresivos sin balón y valientes con él.

No es un entrenador de dogmas cerrados, pero sí de principios claros. Y el primero es innegociable: el equipo debe estar junto, tanto para atacar como para defender.

Uno de los primeros ajustes visibles es la altura del bloque. La Real vuelve a presionar más arriba, no de forma suicida, sino organizada. El objetivo es claro: recuperar el balón más cerca del área rival y reducir el número de defensas largas.

Los interiores saltan antes, los extremos orientan la salida del rival y el mediocentro actúa como termostato del equipo. No se trata de correr más, sino de correr mejor.

Con Matarazzo, la posesión deja de ser contemplativa. El balón tiene intención. Se buscan líneas de pase verticales, rupturas constantes y una circulación más tensa.

Futbolistas como Brais Méndez o Take Kubo ganan peso en zonas donde pueden decidir, mientras que Mikel Oyarzabal aparece más cerca del área, menos anclado a la banda y más conectado con la finalización.

Otro matiz relevante está en los costados. Los laterales no solo acompañan, condicionan. Se proyectan para fijar, generar superioridades y liberar espacios por dentro.

Esto exige precisión y retorno rápido, pero también ofrece una Real más profunda y menos previsible, algo que el equipo había ido perdiendo con el paso de los meses.

La apuesta por la cantera no es retórica. Matarazzo ha demostrado en otros contextos que confía en el jugador joven cuando entiende el juego. En la Real, eso conecta directamente con Zubieta.

El mensaje es claro: oportunidad sí, pero con responsabilidad táctica. El talento sin orden no tiene sitio en este modelo.

El nuevo ciclo no se mide solo en resultados inmediatos. Se mide en sensaciones: en cómo compite el equipo, en cómo reacciona cuando sufre y en si el rival percibe que enfrente hay una idea sólida.

La Real Sociedad ha optado por un entrenador que cree en el proceso, en el trabajo diario y en el fútbol como sistema colectivo. Ahora el reto es sostenerlo cuando el calendario apriete.

Porque el verdadero cambio no está en el nombre del técnico. Está en volver a reconocerse en el césped.



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