Además del alivio por la victoria, en Montilivi se contenía la respiración al término del Girona–Osasuna. Míchel, que se disculpó públicamente tras el encuentro, temía perder a Lass Kourouma durante varios partidos a raíz de la tángana que protagonizó junto a Aimar Oroz en el tiempo añadido. Un episodio tenso que pudo tener consecuencias importantes, pero que finalmente se ha quedado en un susto controlado.
El acta arbitral de Hernández Hernández fue clave para rebajar el escenario. El colegiado solo reflejó la expulsión directa de Lass, describiendo la acción como “golpear con la pierna sobre el torso de un adversario, con uso de fuerza excesiva, no estando el balón a distancia de ser jugado”. Nada más. Y ese detalle lo cambia todo.
En el documento no aparece reflejado lo ocurrido después, cuando varios jugadores de Osasuna saltaron desde el banquillo y el centrocampista del Girona lanzó el brazo hacia uno de ellos. Al no constar en el acta, no habrá sanción añadida para el futbolista rojiblanco, que evitará así un castigo más severo.
Tampoco habrá consecuencias graves en el bando navarro. A pesar de que futbolistas como Aitor Fernández o Juan Cruz salieron con rapidez del banquillo hacia el lugar del conflicto, el árbitro únicamente amonestó a Aimar Oroz y al propio Aitor Fernández, sin que el incidente vaya más allá a nivel disciplinario.
En ese sentido, tanto Girona como Osasuna pueden darse por satisfechos. La gestión de Hernández Hernández, basada en la pausa y la experiencia, evitó que una acción puntual derivara en un rosario de sanciones que habría condicionado seriamente a ambos equipos en las próximas jornadas. Con otro tipo de arbitraje, el desenlace podría haber sido muy distinto.
Para Míchel, la noticia es un alivio añadido. El Girona mantiene a Lass disponible tras cumplir su sanción mínima y esquiva un problema mayor en un momento clave de la temporada, donde cada pieza cuenta y cualquier baja prolongada puede marcar diferencias. Montilivi respira.






