Míchel: “¿Le vamos a echar la culpa también al que se ha resbalado?”

Míchel salió del Ramón Sánchez-Pizjuán con el gesto serio, pero sin perder la fe en su equipo. El empate dejó un poso amargo en el vestuario del Girona, consciente de que el partido ofrecía una oportunidad para algo más, aunque el técnico quiso poner el acento en el proceso antes que en el resultado. “Toca trabajar para seguir mejorando. Hemos perdido la pelota, esa es la verdad”, reconoció, señalando el principal déficit de su equipo tras el descanso.

El encuentro tuvo dos caras muy marcadas. En la primera, el Girona se sintió cómodo, dominó con balón y llegó a generar situaciones para ampliar la ventaja. Así lo vio también su entrenador, que lamentó no haber sido más contundentes en ese tramo. Tras el paso por vestuarios, el escenario cambió. Míchel rechazó la idea de un repliegue voluntario y apuntó directamente al crecimiento del rival. “No es que nos hayamos echado para atrás, sino que el Sevilla ha estado más acertado en el segundo tiempo. Nos han ganado en las segundas jugadas y no hemos estado cómodos”, explicó, poniendo el foco en la pérdida de control del juego.

A ese contexto se sumaron los problemas físicos, que terminaron condicionando el plan inicial. Vanat tuvo que pedir el cambio pronto, desde el minuto 35, por un golpe en el cuádriceps, y Fran Beltrán tampoco pudo acabar el partido. “Los cambios no han ayudado. Vanat nos daba profundidad y Fran mucha seguridad”, admitió Míchel, que reconoció que esas ausencias obligaron a modificar el planteamiento. “Eso nos llevó a plantear un partido más defensivo”, añadió, dejando en el aire la presencia de ambos jugadores en la próxima jornada.

El desenlace fue un reflejo del caos emocional de los minutos finales. El técnico lo resumió con una frase que lo dice todo: “Es una moneda al aire”. En apenas instantes, el Girona pasó del desconcierto al alivio. “Echeverri se escurre, nos meten un golazo, no sabes si desear que se acabe el partido, forzamos una acción que nos da un penalti y ha acabado todo en empate”, relató, asumiendo la imprevisibilidad del fútbol.

Sobre la pena máxima, Míchel fue contundente. No hubo dudas ni debate interno. “Si nos jugamos algo, creo que Stuani es la mejor opción para lanzarlo. Él me dijo que estaba preparado”, explicó, respaldando la decisión pese al desenlace final. El golpe anímico fue evidente, pero el mensaje hacia el grupo fue de continuidad y confianza. “Stuani y todo el equipo está un poco jodido, pero la sensación es que tenemos que continuar”, insistió.

El entrenador cerró su comparecencia con una reflexión que resume su estado de ánimo: convicción en el trabajo y aceptación de la incertidumbre del juego. “El fútbol tiene estas cosas y la suerte cambia por momentos”, recordó, antes de lanzar una pregunta retórica que destila frustración y realismo a partes iguales: “¿Le vamos a echar la culpa también al que se ha resbalado?”. Para Míchel, el camino está claro, aunque el resultado esta vez no haya acompañado.

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