Montilivi se prepara para una cita que puede marcar tendencia. El Girona FC recibe al RC Celta de Vigo en un duelo que trasciende los tres puntos y que mide el verdadero alcance del crecimiento ‘blanc-i-vermell’ en este 2026.
Undécimo con 30 puntos, el conjunto de Míchel afronta la jornada con una oportunidad clara: ganar significaría engancharse definitivamente a la zona media-alta. Si los resultados acompañan, podría igualar al noveno clasificado, ampliar la renta sobre el descenso hasta nueve puntos y, al mismo tiempo, consolidarse en la pelea por posiciones europeas. Sin perder de vista el objetivo prioritario: alcanzar cuanto antes la barrera de los 42 puntos que aseguren la permanencia.
La dinámica invita al optimismo. El Girona ha encontrado estabilidad competitiva, compite con personalidad y ha reforzado su solidez defensiva. El empate reciente en Mendizorroza dejó la sensación de que el equipo responde incluso en escenarios de máxima exigencia. Además, recupera a Joel Roca tras sanción, una pieza que amplía las alternativas ofensivas en un bloque que ha ganado profundidad en las últimas semanas.
El precedente de la primera vuelta, sin embargo, actúa como advertencia. En Balaídos, el Girona dejó escapar dos puntos en el descuento con el tanto de Borja Iglesias, reabriendo esa herida recurrente de los minutos finales. De hecho, los tres últimos enfrentamientos entre ambos han terminado en empate, reflejo de una igualdad que suele resolverse por detalles mínimos.
Enfrente estará un Celta lanzado. Sexto con 37 puntos, el equipo dirigido por Claudio Giraldez atraviesa uno de sus mejores momentos del curso. Su estructura con defensa de cinco le ha aportado equilibrio y solidez, y su capacidad para progresar con balón lo convierte en un rival incómodo. Llega tras imponerse al Mallorca (2-0) y mantiene intactas sus aspiraciones continentales.
Para el Girona, la clave pasará por imponer ritmo y tener paciencia ante un bloque que se protege bien por dentro. Montilivi debe ser un factor diferencial: presión alta, dominio territorial y aprovechar el momento de forma de hombres como Thomas Lemar, que ha vuelto a asumir galones como referencia ofensiva.
La clasificación está comprimida y cada victoria multiplica su valor. El Girona ya no mira exclusivamente hacia abajo. Comparte escenario con una decena de equipos separados por pocos puntos, donde una buena racha puede cambiar por completo el horizonte. El desafío pasa por sostener la estructura en los momentos decisivos y evitar que los últimos minutos vuelvan a penalizarle. Ante un rival directo en la lucha por Europa, Montilivi dictará sentencia sobre la verdadera dimensión del crecimiento girondí.






