Montilivi mira al mundo y cruza los dedos

El parón internacional vuelve a poner al Girona FC en el mapa. El equipo de Míchel afronta estas semanas sin competición con una presencia notable en distintas selecciones, una señal clara del crecimiento que ha experimentado el club en los últimos años. Pero, como suele ocurrir en estos casos, la moneda tiene dos caras: orgullo por la proyección internacional y preocupación por la carga física en un momento clave del curso.

El foco principal estará en Ucrania, donde Viktor Tsygankov y Vladyslav Vanat asumirán un papel protagonista en los play-offs de clasificación para el Mundial. Ambos llegan en buen momento y con galones dentro del equipo, en una doble cita exigente que pondrá a prueba su resistencia competitiva. A ellos se suma Vladyslav Krapyvtsov, convocado con la sub-21, lo que refuerza la presencia del Girona en el fútbol ucraniano.

También tendrá protagonismo Azzedine Ounahi, que sigue ganando peso con Marruecos. El centrocampista disputará dos amistosos internacionales, uno de ellos en un escenario conocido como el Metropolitano, donde podrá medirse a rivales de nivel y continuar con su proceso de consolidación.

La experiencia internacional la pondrá Axel Witsel, convocado por Bélgica para una gira en Estados Unidos. Dos partidos de alta exigencia que servirán para medir el nivel competitivo del veterano futbolista, aunque en Girona miran de reojo el desgaste acumulado por los largos desplazamientos.

El último en sumarse a la lista es Lass Kourouma, que vivirá una oportunidad importante con Guinea. Para el joven centrocampista, estos compromisos representan un escaparate y una ocasión para seguir creciendo en el ámbito internacional.

En conjunto, el parón deja una lectura clara: el Girona ya no es solo un equipo competitivo en LaLiga, sino también un club con peso en el escenario internacional. Sin embargo, la otra cara de la moneda preocupa. La acumulación de minutos, los viajes y el riesgo de lesiones pueden condicionar el rendimiento en el tramo decisivo de la temporada.

A la vuelta, Míchel cruzará los dedos. Porque el verdadero objetivo no está en las selecciones, sino en Montilivi. Y ahí, cada detalle cuenta.

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