El Getafe sobrevive en Navalcarnero: prórroga épica y clasificación

una noche de copa llena de emoción en la que el Navalcarnero rozó la hazaña y mereció más
Jugadores del Getafe saludando a su rival

El Estadio Mariano González vivió una de esas noches mágicas que solo ofrece la Copa del Rey. El Navalcarnero, lejos de sentirse inferior, salió con una valentía admirable y sorprendió a un Getafe totalmente superado en los primeros minutos.

Apenas habían pasado 6 minutos cuando Iker Perera desató la locura en la grada: una jugada sensacional por banda derecha, regateando rivales con una confianza impropia de su edad, terminó en un remate certero dentro del área para el 1-0.

El golpe noqueó al Getafe, y el Navalcarnero lo aprovechó de inmediato. En el 14’, Jaime Vizuete amplió la ventaja tras un centro desde la derecha que remató dentro del área pequeña. El 2-0 reflejaba perfectamente lo que estaba ocurriendo sobre el césped: dominio, intensidad y una fe absoluta del equipo madrileño.

Tras una primera parte desconcertante, el Getafe volvió del descanso con otra cara. Más agresivo, más vertical y con la urgencia lógica de quien se veía eliminado. La insistencia tuvo premio: una jugada dentro del área terminó en gol en propia de Álvaro Calado, que desvió un remate rival poniendo el 2-1.

El tanto activó definitivamente al equipo de Bordalás, que empezó a encerrar a su rival. Aun así, la resistencia local fue ejemplar… hasta el 88’, cuando Mario Martín aprovechó un balón suelto en el área para marcar el 2-2 que enviaría el partido a la prórroga.

Si algo tuvo este partido fue dramatismo. En la prórroga, el Navalcarnero volvió a demostrar que no estaba ahí por casualidad. Tuvo dos mano a mano clarísimos, una jugada con la portería vacía y varias llegadas peligrosas que pudieron sentenciar la eliminatoria.

Pero el fútbol no siempre recompensa al que más lo intenta. En el minuto 111, cuando el Navalcarnero rozaba la épica, Jorge Montes apareció para marcar el 2-3 definitivo, un gol que silenció el estadio y rompió el corazón de un equipo que se había ganado el derecho a soñar.

El Navalcarnero se va eliminado, sí, pero con una exhibición memorable. Compitió, dominó tramos importantes del partido y mereció incluso ganar. Su actuación resume la esencia de la Copa del Rey: equipos humildes dando la cara ante rivales de Primera División.

El Getafe, por su parte, avanza de ronda sin brillo y con más sufrimiento del esperado. Bordalás tendrá que analizar mucho de lo ocurrido para evitar sustos de este calibre en futuras eliminatorias.

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