El Sheffield Wednesday está viviendo una de las temporadas más críticas de su historia. Todos aquellos que consulten la tabla de la Championship se encontrarán con una anomalía matemática: el casillero de los «Owls» marca -7 puntos. Esta cifra no es un error de cálculo, sino el resultado de una severa acumulación de sanciones administrativas que han lastrado al club antes incluso de que el balón echara a rodar con regularidad.
El Sheffield, contra las cuerdas
El origen de esta puntuación negativa reside en una gestión financiera que la English Football League (EFL) ha calificado de inaceptable. El club arrastra una sanción total de 18 puntos, desglosada en dos frentes judiciales. El golpe más duro llegó con la entrada del club en administración judicial el pasado octubre, una situación de insolvencia que, según el reglamento estricto de la liga inglesa, conlleva una quita automática de 12 puntos.
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— The Away Ends (@_theawayends) February 3, 2026
A este castigo se sumó una penalización adicional de 6 puntos impuesta por una comisión independiente. Los reguladores castigaron así los impagos reiterados de salarios a la plantilla y las deudas pendientes con la Hacienda británica durante varios tramos de 2025. Aunque el equipo ha logrado sumar 11 puntos reales sobre el césped gracias a un esfuerzo titánico de sus jugadores, la losa de los -18 puntos de sanción los mantiene todavía en números rojos, con el actual balance de -7.
Una mala situación agravada por una mala gestión
La crisis institucional se agrava con la figura de su propietario, el tailandés Dejphon Chansiri, a quien la liga ha inhabilitado de ejercer funciones directivas. Sin capacidad para fichar debido a un embargo que se extiende hasta 2027, el Sheffield Wednesday pelea contra la aritmética y la lógica deportiva para evitar un descenso a la League One que parece, hoy más que nunca, un destino difícil de eludir. El club de Hillsborough no solo juega contra sus rivales, sino contra las consecuencias de su propia gestión.






