Lo ocurrido anoche en el Benfica – Real Madrid es una vergüenza para el fútbol europeo. No para el Real Madrid. No para Vinicius. Para el fútbol.
Que en pleno 2026 sigamos hablando de insultos racistas es bochornoso. Que haya energúmenos en la grada es grave, sí, pero tristemente más difícil de controlar cuando hablamos de 60.000 personas. Lo inadmisible es que el insulto salga del césped. De uno de los 22 protagonistas. De un futbolista profesional que compite en la máxima competición europea.
Si se confirma lo que denuncian Vinicius y Mbappé —que Prestianni llamó “mono” al brasileño— no estamos ante una provocación más. No es “cancherismo”, no es tensión de partido, no es carácter competitivo. Es racismo. Y el racismo no tiene matices. El gesto lo dice todo. Taparse la boca con la camiseta para insultar no es astucia, es cobardía. Es saber que lo que se está diciendo no se puede decir de frente. Es querer herir y al mismo tiempo esconderse. Racista y cobarde.
Lo más preocupante no es solo el insulto. Es el contexto posterior. El partido se detiene ocho minutos, se activa el protocolo, el ambiente se enrarece y, aun así, el agresor sigue jugando. No hay consecuencias inmediatas porque “no hay pruebas”. Porque se tapó la boca. Porque las cámaras no captaron el sonido. Siempre la misma historia. Mientras tanto, Vinicius recibe amarilla por celebrar un gol. Vinicius acaba siendo protagonista por denunciar. Vinicius vuelve a quedar en el centro del foco por algo que no ha provocado. Otra vez.
Y lo peor es que esto no es nuevo. No es un caso aislado. Es recurrente. Cada temporada, el mismo episodio con distintos actores. El protocolo se activa, la UEFA investiga, el club defiende al suyo y todo queda pendiente de “pruebas concluyentes”. El mensaje que se envía es devastador: si no te pillan claramente, no pasa nada.
En 2026 no deberíamos estar escribiendo esto. Pero lo estamos. Y mientras el racismo no tenga consecuencias reales y ejemplares, seguirá apareciendo. No es un problema de Vinicius. Es un problema del fútbol. Y el fútbol, una vez más, quedó retratado.






