José Mourinho por un lado. Haaland y Rodri por el otro. Vídeos en redes, anuncios en prime time, promesas notariales… Las elecciones del Real Madrid han dejado de parecer unas elecciones para convertirse en un concurso de audiencias.
Florentino anuncia a Mourinho justo cuando Enrique Riquelme aparece en El Hormiguero. Riquelme responde anunciando a Haaland y Rodri. Uno promete al entrenador más mediático de las últimas décadas. El otro promete al delantero más cotizado del planeta. Y entre tanto ruido, uno tiene la sensación de que se está hablando de todo menos de lo importante.
Porque sí, existe un debate relevante. El famoso 5%. La posibilidad de abrir la puerta a un inversor minoritario. La propiedad del club. El futuro institucional del Real Madrid. Son cuestiones trascendentales porque afectan a la esencia de una de las pocas grandes entidades que todavía pertenece a sus socios.
Pero también conviene no engañarse.
El socio puede preocuparse por quién será el dueño del club dentro de veinte años. Puede debatir sobre estructuras societarias, modelos de gestión o derechos económicos. Y está bien que lo haga. Pero después de dos años viendo cómo los títulos se escapan, después de una sequía impropia del Real Madrid, la inmensa mayoría de madridistas solo quieren volver a ganar.
Así de simple.
Mientras unos prometen entrenadores y otros prometen delanteros, nadie parece dispuesto a reconocer la realidad: el madridismo no necesita una campaña electoral ilusionante. Necesita un proyecto ganador.






