El Coliseum volvió a ser un escenario imponente, de esos que marcan territorio y condicionan a cualquier rival que se atreva a entrar sin la intensidad adecuada. El Getafe derrotó al Betis por 2–0 en una tarde donde el equipo de Bordalás impuso su ley desde el primer minuto, mientras que el conjunto verdiblanco, con un once revolucionario diseñado por Pellegrini, nunca encontró el pulso del encuentro. El cántico que dio nombre al partido, ese “que bote el Coliseum” que brotó en el momento de mayor euforia, fue la banda sonora de un triunfo que tuvo mucho de carácter, de convicción y de identidad.
El Betis llegó con la intención de sorprender, pero la apuesta del técnico chileno, llena de cambios y ajustes inesperados, dejó al equipo sin referencias claras, sin continuidad y sin la solidez necesaria para competir en un escenario tan exigente. El Getafe, en cambio, salió con una idea nítida: presionar arriba, ganar duelos y llevar el partido a un terreno físico donde se siente cómodo. Y lo logró desde el primer tramo del encuentro.
Un primer golpe que encendió al estadio
El Getafe fue superior en intensidad, en lectura del partido y en agresividad. Cada balón dividido parecía azulón, cada disputa se jugaba como si fuera la última. El premio llegó en el minuto 27, tras una acción llena de rebotes que terminó con un disparo de Kiko Femenía. Valles realizó una parada espectacular, el balón se estrelló en el larguero y el lateral apareció para empujar el rechace y abrir el marcador.
El gol desató la primera gran ovación de la tarde y dejó al Betis aún más tocado. El equipo de Pellegrini no encontraba fluidez, no conectaba pases y sufría cada transición del Getafe. Y justo antes del descanso llegó el momento que cambió definitivamente el tono del encuentro.
Martín Satriano aprovechó una mala salida del portero bético para definir con una vaselina impecable, suave, precisa, de esas que parecen suspendidas en el aire antes de caer en la red. Un golazo que hizo temblar el estadio y que provocó que el cántico que marcó la noche surgiera de manera espontánea desde los cuatro costados del Coliseum.
#FINAL | ¡SIIIIIIIIIIIIIIÍ! ¡SIIIIIIIIIIIIIIÍ! ¡SIIIIIIIIIIIIIIÍ! ¡SIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIÍ! @GetafeCF 2️⃣-0️⃣ @RealBetis
— Getafe C.F. (@GetafeCF) March 8, 2026
⚽ Kiko Femenía y Martín Satriano.
¡VICTORIA! ¡VICTORIA! ¡VICTORIAAAAAAA! ¡VICTORIA ENOOOOOOORME!
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Soria sostuvo el muro y el Betis se estrelló
La segunda parte fue un ejercicio de resistencia inteligente por parte del Getafe. El Betis, obligado por el marcador y por la necesidad de justificar su arriesgada alineación, salió con más balón y más intención. Pero se encontró con un portero en estado de gracia.
David Soria firmó varias intervenciones de muchísimo mérito, paradas que evitaron que el Betis se metiera en el partido y que reforzaron la sensación de que el Getafe tenía el control emocional del encuentro. Fueron acciones firmes, decisivas, en momentos clave, que valieron tanto como los goles.
El Betis acumuló posesión, pero sin profundidad ni claridad. El Getafe, en cambio, siguió amenazando en transiciones y rozó el tercero en una acción que pudo sentenciar el encuentro. El Coliseum acompañó el esfuerzo con una energía que se notaba en cada recuperación, en cada balón dividido, en cada carrera defensiva.
PALOMITA PARA LA COLECCIÓN 🍿
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(Soria selección)#LaLigaHighlights pic.twitter.com/Xea0rPRSuW
Un triunfo que invita a mirar más arriba
El Getafe no solo ganó: convenció. Golpeó cuando debía, resistió cuando tocaba y mostró una madurez competitiva que explica por qué el Coliseum volvió a vibrar como en las grandes noches. El Betis, pese a su dominio territorial en la segunda parte, nunca encontró la claridad necesaria para inquietar de verdad a un equipo que supo sufrir y supo mandar.
La sensación final fue la de un equipo que crece, que compite y que se siente fuerte en su estadio. Y viendo la solidez, la ambición y la comunión con la grada…, ¿y por qué no soñar con Europa?






