La Real se rebela en el añadido y asalta el Coliseum

Un triunfo de fe, balón parado y carácter competitivo
Coliseum / Vía X/@GetafeCF

Getafe despide a la Real con la sensación de haber tenido el partido en la mano… y haberlo perdido en el último suspiro.

El primer golpe llega en el minuto 36. Brais Méndez recibe entre líneas, perfila el cuerpo con inteligencia y suelta un zurdazo raso, ajustado al palo, imposible para Soria. Una acción de talento puro en un partido de fricción.

La Real no necesita muchas llegadas: cuando encuentra espacio, castiga.


Tras el descanso, el Getafe sube una marcha. Bordalás refresca bandas y carga el área. Imanol responde con piernas y orden: más presencia en mediocampo, más ayudas defensivas. La Real pierde metros, pero no pierde el control emocional del partido.

Entre el 60’ y el 75’, el Getafe encadena sus mejores minutos. Centros laterales, segundas jugadas, un remate franco dentro del área… y aparece Remiro, firme, sobrio, decisivo. La Real sobrevive sin romperse.

Cuando el reloj ya aprieta, el Getafe encuentra premio. Centro desde la derecha, balón prolongado y Juanmi, en el corazón del área, empuja el 1-1 en el minuto 90. El Coliseum ruge. El empate parece definitivo.


Pero la Real no se rinde. Córner al segundo palo, salto limpio y Jon Aramburu, en el 90+6’, conecta un cabezazo seco que se cuela entre defensas y portero. Gol. Silencio. Sentencia.

El control y disparo de Brais en el 36’, puro manual de mediapunta.

La parada de Remiro en el 68’, mano abajo tras remate a bocajarro.

La acción de fe de Aramburu en el último córner del partido.

La Real no domina, pero compite cada fase. Sabe cuándo acelerar, cuándo resistir y cuándo golpear. Gana en Getafe porque entiende el contexto del partido y no se desconecta ni con el empate encima.

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