El Girona ya tiene nuevo guardián. El club catalán hizo oficial la llegada de Rubén Blanco, que firma hasta final de temporada tras quedar libre, en una operación marcada por la urgencia y por la delicada situación que atraviesa la portería rojiblanca.
Lesión de Ter Stegen
La grave lesión de larga duración de Marc-André ter Stegen obligó a la dirección deportiva a reaccionar con rapidez. Con el mercado invernal ya cerrado y sin margen salarial para abordar un fichaje de mayor coste, la entidad optó por acudir al mercado de agentes libres. La prioridad era clara: incorporar un portero con experiencia, disponible de inmediato y capaz de ofrecer garantías competitivas en un tramo decisivo del curso.
Perfil de Rubén Blanco
Rubén Blanco, de 30 años, encaja en ese perfil. El guardameta gallego llega en condiciones económicas muy ajustadas y percibirá el salario mínimo permitido, reflejo de una operación excepcional condicionada por las limitaciones financieras actuales. No se trata de una apuesta de futuro, sino de una solución inmediata para evitar riesgos en una demarcación especialmente sensible.
El exjugador del Celta de Vigo y del Olympique de Marsella aporta un amplio bagaje en Primera División y experiencia en competiciones europeas. Conoce el ritmo y la exigencia de LaLiga, un factor que el cuerpo técnico valora en un contexto donde no hay margen para procesos largos de adaptación. Su aterrizaje permitirá al Girona contar con tres porteros del primer equipo, tal y como había solicitado Míchel ante la acumulación de partidos y la incertidumbre generada tras la lesión del meta alemán.
Con esta incorporación, el club pone fin a varias semanas de inquietud bajo palos. La portería, golpeada por las circunstancias, recupera estabilidad y ofrece al técnico más alternativas para gestionar la competición. El objetivo no cambia: mantener la solidez en el tramo final y competir con garantías hasta el último partido. Rubén Blanco llega para eso, para sostener al equipo cuando más lo necesita.






