Thomas Lemar vuelve a disfrutar del fútbol

En su caso, sonreír equivale a volver a sentirse futbolista. Thomas Lemar encadenó su segundo partido consecutivo viendo portería y fue despedido con una ovación cerrada en Montilivi, un reconocimiento al esfuerzo silencioso de alguien que ha tenido que reconstruirse casi desde cero.

Su último tramo en el Atlético de Madrid fue un auténtico desierto competitivo. Entre las temporadas 2023/24 y 2024/25 apenas pudo participar en ocho encuentros de LaLiga. Las lesiones y la falta de continuidad le impidieron enlazar minutos, ritmo y confianza. El talento nunca desapareció, pero sí quedó atrapado en un contexto adverso que no le permitió mostrarlo.

Su llegada al Girona FC, en calidad de cedido, tampoco fue un punto de inflexión inmediato. Míchel optó por un proceso progresivo, consciente de que el jugador necesitaba tiempo para recuperar sensaciones físicas y mentales. La lesión de Ounahi y la acumulación de partidos abrieron una ventana. Lemar decidió cruzarla.

Ante el FC Barcelona ofreció la versión más reconocible de sí mismo. Marcó el gol del empate que encendió la reacción del equipo y jugó con criterio, pausa y personalidad. Supo medir los tiempos, interpretar los espacios y asociarse con naturalidad entre líneas. Fue, por momentos, aquel futbolista diferencial que brilló en el fútbol europeo.

Cuando fue sustituido, Montilivi se puso en pie. La ovación tuvo algo más que aplauso: fue complicidad, respaldo y bienvenida definitiva. Lemar ya no es simplemente un cedido. Se ha ganado un lugar dentro del grupo, dentro del vestuario y dentro del sentimiento ‘gironí’.

Tras el encuentro, Míchel no escondió su satisfacción. El técnico lo abrazó y le dedicó unas palabras que sonaron a confirmación más que a elogio: “Qué bien, Thom. Ya estás aquí. Tienes mucho talento”. No era solo una felicitación por el gol. Era la constatación de que el viaje de regreso, largo y lleno de obstáculos, empieza a tener recompensa.

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