Un Getafe CF que despierta: el Coliseum vuelve a rugir

El Coliseum necesitaba una tarde así. El Getafe de Bordalás venía de semanas de dudas, pero ante el Villarreal ofreció una versión mucho más reconocible: intensa, solidaria y competitiva de principio a fin. No fue un partido de lucimiento estético, pero sí de carácter. De esos que reactivan un vestuario y reconcilian a un equipo con su gente.

El duelo se rompió justo antes del descanso, cuando el VAR señaló penalti por una acción dentro del área amarilla. Mauro Arambarri, uno de los grandes referentes del proyecto, asumió el lanzamiento. Fuerte, decidido, al centro. Su gol fue algo más que una ventaja: fue una declaración de jerarquía en un momento clave de la temporada.

En medio de la batalla, hubo un futbolista que puso pausa y sentido: Luis Milla. Siempre bien perfilado, siempre ofreciéndose, siempre dando una línea de pase. Su capacidad para sacar al equipo de atrás, cambiar de orientación y elegir cuándo acelerar fue determinante para que el Getafe no se limitara solo a resistir, sino también a mandar en fases del partido.

En la reanudación, Martín Satriano confirmó su crecimiento. Atacando espacios, peleando cada balón dividido y ofreciendo desmarques constantes, el uruguayo se ha ganado el respeto del Coliseum. Su conexión con los centros laterales y su trabajo sin balón encajan a la perfección con la idea de Bordalás. Es uno de los nombres que mejor simboliza la mejoría del equipo.

En los minutos finales, el Getafe tiró de oficio. Djené sostuvo la zaga, Diego Rico y Juan Iglesias cerraron por fuera y el equipo defendió el resultado con esa mezcla de agresividad y concentración que siempre ha definido al mejor Getafe. El triunfo no solo suma puntos: devuelve la sensación de que el Coliseum vuelve a ser un lugar incómodo para cualquiera.

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