Xabi Alonso y su forma de entender el fútbol: tácticas, formaciones y estilo de juego

Xabi Alonso dando instrucciones contra la Juventus

La cuenta atrás del clásico ya llega a su fin, y los entrenadores de cada equipo debe tener una idea general sobre cómo plantear el encuentro. Xabi Alonso llega con el foco puesto en su sello táctico, una mezcla de equilibrio, control y precisión heredada de sus años como uno de los mejores mediocentros del mundo. Sus sistemas han evolucionado a lo largo del tiempo desde el fútbol posicional que pulió en la Real Sociedad B hasta la presión estructurada y el juego vertical que perfeccionó en el Bayer Leverkusen. Ahora, todo ese aprendizaje converge en su planteamiento para medirse al Barcelona, y para entenderlo, hay que desmenuzar sus numerosas tácticas desarrolladas a lo largo de su carrera como entrenador.

Xabi Alonso ha emergido en el mundo del fútbol no solo como un exjugador de élite, sino como un entrenador que está revolucionando las tácticas del fútbol moderno. Desde sus inicios en la Real Sociedad B, Alonso mostró una clara predilección por sistemas que equilibran posesión y velocidad. Su 4-3-3 no es una mera disposición posicional, sino un entramado donde el pivote no solo recupera el balón, sino que dirige el ritmo del partido con una inteligencia quirúrgica. Su principal idea es salir a controlar el juego desde el mediocampo, buscando dominar la temporalidad y quebrar al rival con paciencia.

Al dar el salto al Bayer Leverkusen, Alonso afiló aún más su propuesta táctica y fijó un esquema inamovible. En su etapa en el conjunto alemán basó su fútbol en un sistema de 3 centrales con carrileros muy ofensivos. Esa táctica fue su fórmula del éxito, pero su efectividad surgió de no modificar el sistema. El 3-4-3 que impuso tiene tanto de ofensivo como defensivo, permitiendo a los carrileros avanzar generando superioridad en bandas, mientras tres centrales sólidos marcan la pauta atrás. La flexibilidad se convierte en una de sus señas de identidad: durante el partido, los jugadores alternaban entre el 3-4-2-1 y el 5-3-2 para consolidar la defensa en momentos adversos, táctica que recuerda al Manchester City de Pep Guardiola. La presión alta tras pérdida y el repliegue rápido, con un bloque compacto capaz de frustrar ataques rivales, son elementos recurrentes.

En el Real Madrid, su estilo mantiene esos cimientos, aunque con un toque más equilibrado. La táctica de Xabi Alonso evidencia una madurez táctica que sabe cuándo dominar el balón y cuándo acelerar la transición. Desde su llegada el tolosarra ha probado varios sistemas como el 4-3-3 o incluso 3-5-2, pero al final se ha decantado por un sistema muy distinto a los mencionados. El esquema merengue se basa en el 4-2-3-1, que combina una defensa férrea con un ataque letal. El doble pivote es esencial, con jugadores capaces de dar salida limpia y controlar la zona ancha. Normalmente, uno de los pivotes suele ser el que hace el trabajo sucio (destructor), mientras que el otro tiene un enfoque más técnico (organizador). Un buen ejemplo de ese doble pivote puede ser Tchouamení y Ceballos, respectivamente.

Pero, sin duda, una pieza clave del sistema es el mediapunta. El entrenador vasco no entiende el fútbol sin un jugador que distribuya la salida de balón y el ataque. El mediapunta juega para el equipo y el equipo juega para el mediapunta. El perfecto ejemplo de su jugador ideal para esta posición es su jugador predilecto, Arda Güler.

El delantero es la guinda del pastel. El punta de la formación es un delantero moderno, partiendo desde banda o atrayendo los centrales para liberar a los extremos de sus marcas. Quien está entendiendo ese rol a las mil maravillas es Kylian Mbappé, dueño acérrimo del centro de la ofensiva merengue del técnico madridista. 

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