“Esto es fútbol, papá”: el Getafe reivindica su estilo mientras Bordalás aspira a entrenador del mes

El Getafe lleva años escuchando lo mismo: que si su juego es duro, que si es un equipo incómodo, que si lleva los partidos al límite. Pero detrás de esas críticas hay una realidad que pocos quieren admitir: el Getafe compite mejor que muchos.
Su estilo no es fruto del azar ni de la provocación, sino de una identidad construida con convicción. El equipo sabe quién es, sabe qué puede hacer y sabe cómo sacar rendimiento de cada minuto.

Mientras otros hablan de posesiones eternas o de estilos “bonitos”, el Getafe habla de eficacia, de intensidad, de duelos, de solidaridad defensiva y de aprovechar cada detalle. Y eso, aunque a algunos les incomode, también es fútbol. Fútbol del bueno.

La nominación de José Bordalás al premio de mejor entrenador del mes no es un gesto simbólico. Es un reconocimiento real a un trabajo que, temporada tras temporada, vuelve a demostrar que el Getafe no está donde está por casualidad.
El técnico ha construido un equipo reconocible, competitivo y tremendamente difícil de superar. Un equipo que, con menos recursos que muchos rivales, compite de tú a tú con cualquiera.

La nominación es también una respuesta silenciosa a quienes reducen el estilo del Getafe a etiquetas simplistas. Si un entrenador es candidato a mejor técnico del mes, es porque su equipo juega bien a lo que quiere jugar. Y eso, en el fútbol profesional, es un mérito enorme.

Hay equipos que buscan gustar. El Getafe busca ganar. Y esa diferencia, tan simple como contundente, explica por qué tantos rivales acaban frustrados cuando se enfrentan a él.
El conjunto azulón no regala metros, no concede duelos, no baja la intensidad y no se acomoda. Cada balón dividido es una batalla, una oportunidad. Cada error del rival, un territorio a conquistar.

Esa forma de competir no es sucia. Es honesta, directa y valiente.
El Getafe no esconde lo que es. Y en un fútbol donde muchos equipos viven de discursos vacíos, esa autenticidad es casi un acto de rebeldía.

La frase, convertida ya en lema, no es casual. Resume a la perfección lo que el Getafe representa: un equipo que entiende el fútbol desde la esencia, desde la disputa, desde la intensidad y desde la convicción de que cada partido se gana con trabajo, no con discursos.

“Esto es fútbol, papá” significa que el juego no es solo posesión, ni estética, ni estadísticas. Es competir, sufrir, resistir y aprovechar el momento.
Y el Getafe lo hace como pocos.

Los rivales lo saben: enfrentarse al Getafe nunca es un trámite. Es un examen.
El equipo de Bordalás obliga a los contrarios a cambiar su plan, a acelerar decisiones, a jugar más rápido de lo que quieren, a cometer errores que no cometen ante otros equipos.

Esa capacidad para condicionar al rival es una de las mayores virtudes del Getafe. No se habla de ella en tertulias, pero los entrenadores de Primera la conocen bien.

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