El Girona afronta este fin de semana el partido más importante de toda su temporada. No hay margen para especular ni espacio para los cálculos. Todo pasa por ganar. El conjunto de Míchel llega a la última jornada de LaLiga obligado a vencer al Elche para asegurar su continuidad en Primera División y evitar un descenso que, hace apenas unos meses, parecía impensable.
La derrota frente al Atlético de Madrid en el Metropolitano dejó al equipo decimoctavo con 40 puntos y completamente al límite. Y el destino ha querido que la salvación se decida en Montilivi, ante su gente y frente a un rival directo que también se juega la vida.
Una herida abierta desde 2020
El partido tiene además una carga emocional imposible de ignorar. El rival será precisamente el Elche, el mismo equipo que en 2020 arrebató al Girona el ascenso a Primera con aquel inolvidable gol de Pere Milla en el minuto 96, en un Montilivi vacío por las restricciones del Covid.
Seis años después, ambos clubes vuelven a cruzarse en otra final absoluta. Pero esta vez el escenario será completamente distinto. El estadio presentará un ambiente espectacular y la ciudad lleva días movilizada para empujar al equipo hacia la permanencia.
La ‘rebuda’ organizada para recibir al autobús promete reunir a miles de aficionados en los alrededores de Montilivi. El Girona sabe que necesitará mucho más que fútbol: necesitará energía, personalidad y la fuerza emocional de toda su gente para soportar una presión gigantesca.
Stuani vuelve a aparecer en el momento decisivo
En medio de la tensión, vuelve a emerger la figura de Cristhian Stuani. El delantero uruguayo volverá a infiltrarse para poder estar disponible en otra noche donde el Girona necesita aferrarse a sus líderes. Su compromiso refleja perfectamente el momento que vive el equipo: sufrimiento absoluto, pero también convicción total de pelear hasta el final.
También Francés intentará forzar para llegar al partido pese a sus molestias físicas, aunque David López apunta a ganar peso en la defensa por precaución.
Míchel, durante toda la semana, ha insistido en un mensaje claro: competir sin miedo y centrarse únicamente en el partido. El técnico considera que el grupo llega preparado emocionalmente para afrontar una noche de máxima tensión y cree que el vestuario tiene personalidad suficiente para resistir el escenario.
Una dinámica preocupante pero con vida
El problema para el Girona es evidente. El equipo llega después de seis jornadas consecutivas sin ganar y siendo uno de los peores locales de toda LaLiga durante buena parte de la temporada. Además, el gran déficit ofensivo ha condenado al conjunto gerundense en las últimas semanas.
Los datos son demoledores: 56 disparos entre los partidos frente a la Real Sociedad y el Atlético de Madrid y únicamente un gol. El equipo ha mejorado competitivamente, ha vuelto a generar ocasiones y a mirar de tú a tú a rivales importantes, pero sigue castigado por la falta de acierto en las áreas. Aun así, el vestuario se aferra a una realidad: el Girona sigue dependiendo de sí mismo.
Un Elche con menos presión
Enfrente estará un Elche que llega en un contexto completamente distinto. Los ilicitanos aterrizan en Montilivi tras vencer al Getafe y ocupando la decimoséptima posición con 42 puntos, justo por encima del Girona.
El empate les basta para asegurar la permanencia y, en caso de derrota, todavía podrían salvarse dependiendo de otros resultados. El conjunto de Eder Sarabia llegará acompañado por cerca de 400 aficionados y mantendrá su identidad habitual: un equipo valiente, con intención de tener el balón y personalidad incluso en escenarios de máxima presión. Eso sí, no podrán contar ni con Boayar ni con Yago Santiago por lesión.
Una noche para la historia
Todo desemboca en una final total. Una noche de supervivencia para el club, para la ciudad y para una afición que lleva semanas viviendo con el corazón en un puño.
Míchel lo resumió perfectamente en la previa: “Son 95 minutos”. Noventa o quizá algunos más que decidirán si el Girona continúa formando parte de la élite del fútbol español o si regresa al abismo de Segunda División.






