En semana de juicios finales, el primer gran examen lo tenía el entrenador ‘Red’, Arne Slot. No porque se estuviese jugando el puesto en este partido, sino porque era el escenario ideal para mandar un mensaje, en medio de toda la crisis con Mohammed Salah. La victoria no resolvió el conflicto, pero sí despejó el aire. En un templo que esperaba respuestas más que discursos, el 1-0 funcionó como un susurro firme entre el ruido. Una prueba de que, incluso cuando el horizonte se oscurece, este Liverpool todavía es capaz de aferrarse a sus certezas y encontrar un latido común. Y quizá, en noches como esta, no hay declaración más poderosa que esa.
De forma que el Liverpool se lleva un envión anímico en medio de toda la tormenta. Unos tres puntos que le permiten a los de Slot ubicarse provisionalmente en la octava posición, que da acceso directo a los octavos de final. Mientras que el Inter no solo se lleva una dura derrota en casa, sino que además se quedan con dos jugadores lesionados. Porque, tanto Çalhanoğlu, como Acerbi tuvieron que ser sustitudos por molestias en la primera parte.
El Inter rozó la brillantez
Tras los primeros 15 minutos, Curtis Jones empezó a encender la chispa. Regateó a tres jugadores rivales en la frontal del área para poder desenvainar un disparo con su pierna derecha, que acabó con una gran estirada de Sommer. A raíz de eso, el ’17’ del Liverpool ganó confianza y, con ello, protagonismo. Empezó a erigirse como director del juego de los ‘Reds’. No solo imponía vértigo y ritmo en las jugadas, sino que además era el nexo de conexión entre el centro del campo y los dos delanteros. Pero esa chispa, se quedó en eso y no perduró. Más allá, de que los visitantes vieron cómo les ahogaron un grito de gol por una mano de Ekitike.
A pesar de que no subió al marcador, el Inter reaccionó como si lo hubiese hecho. En el encuentro reinaba la sensación de que ninguno de los dos equipos estaba cómodo. Que en cualquier momento, por inercia, el descontrol se iba a adueñar del partido. Ya sea por alguna imprecisión o, en el mejor de los casos, por la calidad mágica propia de los jugadores de estos equipos.
Prove di magia 🪄 pic.twitter.com/1CGbuXMfWd
— Inter ⭐⭐ (@Inter) December 9, 2025
Barella estuvo cerca de ser ese desencadenante desde el balón parado. Acarició el balón con su diestra, con la intención de que el esférico acabase en la escuadra. Pero su disparo se acabó marchando cerca de la portería de Alisson. Zielinski fue el segundo en intentarlo. En su caso optó por la fuerza bruta, pero el resultado fue el mismo. La pelota se fue a escasos centímetros de la valla del Liverpool. Como la individualidad no dio resultados, los de Chivu optaron por la fluidez colectiva. Después de una gran progresión de pases, Bastoni colgó un centro al primer paló. Ese centro fue atacado con agresividad por Lautaro Martínez, para poder sacar un cabezazo que acabó siendo detenido por Alisson.
Con tan solo 15 minutos de puro protagonismo del Inter, se empezaron a ver las grietas en la defensa de los visitantes. Tal y como si de una pelea de boxeo se tratase, cada golpe de los neroazzurri dejaba más debilitado al Liverpool. Con cada derechazo, el Inter ganaba ímpetu y los ‘Reds’ perdían contundencia. Sin embargo, tras el mejor golpe de los de Chivu, que fue el disparo de Lautaro, llegó la campana para salvar a los de Slot. El entretiempo era la oportunidad perfecta para demostrar desde la pizarra que este Liverpool es, y siempre ha sido, un equipo de autor.
La nueva cara del Liverpool
Cara distinta y nueva actitud. El Liverpool de la segunda mitad se decidió por dejar a un lado la peligrosa cautela para poder tener mayor iniciativa. Intensificaron los esfuerzos en la presión activa y el primer experimento casi resulta un éxito. Alexander Isak, que ha sido criticado en su etapa en Anfield por la pasividad, se devoró la salida en corto del Inter para hacerse con el balón y e inventarse un ‘chut’ que rozó el palo izquierdo de Sommer. Además, esta proactividad también iba de la mano con posesiones más largas y una sensación de mayor control.
Eso sí, esas mejoras no le dejaron un partido decantado a los ingleses. Porque, al final, este Inter goza de polivalencia y es virtuoso en adaptarse a todo tipo de partidos. Así que asumieron su nuevo rol y empezaron a atacar el espacio que aparecía a espaldas de la defensa rival. Todo ello producto de los movimientos sincronizados de Thuram y Lautaro y, principalmente, del liderazgo de Barella. Además, también se evidenció una tendencia generalizada en esta temporada de los ‘Reds’, a este equipo le falta colmillo. Porque ninguno de los presentes fue capaz de aprovechar las más claras, ni de marcar diferencias por sí mismos. Algo que, quizás, solo está al alcance del Salah de la temporada pasada.
Ekitike, el futbolista que más destacó de los visitantes, generó constantemente para ver si al menos por insistencia se abrían las puertas del gol. Así fue como se gestó una de las más claras de la segunda parte. Se asoció en modo de pared para dejar a Connor Bradley plantando en el área, aunque el canterano terminó estrellando su disparo en Sommer.
Dominik Szoboszlai is the first Liverpool player to be directly involved in 10 goals across all competitions this season.
— Squawka (@Squawka) December 9, 2025
◉ 5 goals
◉ 5 assists
He's scored in back-to-back games for the second time in a Liverpool shirt. ⚽️⚽️ pic.twitter.com/yl6hLLp3wV
Así que, ante la falta de aciertos propios, el Liverpool apeló a la subjetividad del árbitro para terminar consiguiendo un penalti. Una decisión que el Giussepe Meazza pitó y reprochó activamente hasta después del final del encuentro. Pero lo cierto es que el colegiado Felix Zwayer determinó que el agarrón de Bastoni sobre la camiseta de Wirtz era suficiente para ser considerado infracción. Ya desde los 11 pasos, Dominik Szoboszlai, hombre de grandes citas, ajustó su penalti para mandar a guardar esa pelota y también el resultado.
En ese escenario crispado, con el eco del Meazza aún cuestionando la decisión arbitral, el Liverpool resistió con una madurez poco habitual en sus últimas semanas. El penalti convertido no solo selló el marcador, también confirmó que este equipo, pese a sus dudas recientes y a la ausencia de su gran figura, todavía sabe responder cuando el pulso del partido exige carácter. El triunfo no despeja todas las incógnitas, pero sí deja una certeza. Incluso en medio de la tormenta, los de Slot han encontrado un punto de apoyo desde el que empezar a mirar hacia arriba.






