El FC Barcelona ha regresado a la casilla de salida. En apenas cinco días, el equipo de Hansi Flick pasó de liderar LaLiga tras una remontada de siete puntos al Real Madrid a perder el primer puesto ante el Girona y quedar al borde del KO en la Copa del Rey tras el 4-0 encajado ante el Atlético de Madrid.
El golpe recuerda inevitablemente al “shit november” que el propio Flick bautizó el curso pasado. Las circunstancias no son idénticas, pero el patrón sí que inquieta. Desconexiones, fragilidad defensiva, falta de contundencia y un claro aumento de críticas y ruido exterior. Febrero amenaza con convertirse en un nuevo punto crítico.
Cinco días negros para el Barcelona
El Barça llegó al Metropolitano con la moral alta, pero sufrió posiblemente su peor primera parte desde la llegada de Flick. El 4-0 no solo dejó la Copa muy cuesta arriba, también sembró dudas en los jugadores. Cinco días después, Montilivi ofrecía la oportunidad de cerrar la herida, pero el resultado fue aún más dañino.
La derrota ante el Girona FC dejó al Barça sin liderato y expuso problemas estructurales que ya habían aparecido ante el Atlético. No es casualidad que las tres derrotas de 2026 hayan llegado lejos de casa: Real Sociedad, Atlético y Girona.
Dominio sin colmillo
Los números explican buena parte del partido. El Barça tuvo un 70,5% de posesión, completó 738 pases con un 90,5% de acierto y acumuló 26 remates y 2,88 goles esperados. Solo cuatro disparos fueron a portería. Demasiado poco para semejante volumen ofensivo. El contraste fue claro, el Girona necesitó solo 13 remates para colocar nueve entre palos. La diferencia estuvo en la precisión, pero también en la gestión emocional tras el empate.
El Barcelona volvió a sufrir cuando el partido salió del guion. Más allá de acciones polémicas, destacando el pisotón de Echeverri a Koundé en el 2-1, los culés volvieron a evidenciar carencias defensivas. Pérdidas sin finalizar jugadas, mala sincronía en la presión tras pérdida y errores en la línea del fuera de juego facilitaron transiciones limpias del Girona. Que Joan García el mejor del partido en una derrota resume el problema. Siete paradas, seis dentro del área y varias salidas decisivas evitaron un marcador más duro.
Dos minutos fatales y un déjà vu
El gol de Pau Cubarsí en el minuto 59 parecía el escenario ideal para consolidar el dominio. Sin embargo, apenas dos minutos después, Lemar empató el partido. Una desconexión que sonó a déjà vu y que se ha repetido demasiadas veces esta temporada.
Esa incapacidad para sostener la tensión tras marcar se ha convertido en un problema recurrente. El Barcelona encaja con facilidad, pero sobre todo se cae mentalmente en tramos cortos, arruinando esfuerzos prolongados y devolviendo al rival a la pelea.
La pelota echa de menos a Pedri
Aquí sí hay nombre propio. La ausencia de Pedri pesa como ninguna otra. No hay en la plantilla, ni casi en el mundo, un futbolista que interprete el juego como él. Sin Pedri, el equipo de Flick corre cuando debería pausar y acelera cuando convendría esconder la pelota. Frenkie de Jong aporta la movilidad, Fermín llega desde segunda línea, Dani Olmo se mueve en espacios cortos y Lamine Yamal desequilibra. Pero el control del ritmo sigue siendo patrimonio exclusivo del canario.
Cuando lo colectivo falla, deberían aparecer las individualidades. Ayer no ocurrió. Ferran Torres y Lewandowski apenas influyeron; Lamine y Raphinha participaron, pero sin la eficacia habitual. El brasileño, eso sí, volvió a ser uno de los más activos: cuatro ocasiones creadas, cuatro remates y uno al palo.
Buscando el reset
Tras la derrota en Girona, el Barcelona opta por bajar pulsaciones. Flick criticó los errores arbitrales a su manera, dejando plantado a Rafa Escrig por ejemplo, aunque también asumió los errores propios. Su primera decisión fue clara, dos días libres para la plantilla con el objetivo de limpiar la cabeza y resetear.
El calendario ayuda. El equipo tendrá dos semanas limpias de competición, un escenario muy similar al que permitió reordenarse en diciembre. La intención del cuerpo técnico es recuperar lesionados, reducir la carga mental y regresar sabiendo que en apenas un mes el Barça se juega gran parte de la temporada.
Un mensaje claro desde Barcelona
El mensaje más potente llegó desde Pau Cubarsí: “La gente ya ha visto lo que ha pasado. Desde dentro no hemos podido hacer nada, pero no tenemos que meternos con el árbitro; también tenemos que mejorar nosotros”. Por su parte, el entrenador alemán también hizo hincapié en centrarse en el juego: «Si hubiésemos jugado bien, hubiese hablado más de esto pero no quiero poner el foco en la jugada del segundo gol. Hemos de jugar mejor y regresar a nuestro mejor nivel«
El Barcelona sigue teniendo margen. Ya ha ganado la Supercopa, depende de sí mismo en todas las competiciones y afronta tres partidos seguidos en casa, donde aún no ha perdido. El reto no es futbolístico únicamente, es mental y emocional.






