El Getafe certifica la permanencia y se lanza a por Europa: 22 años en Primera y un sueño más vivo que nunca

El Coliseum ha vivido una de esas noches que no se olvidan. La victoria por 3-1 ante el Mallorca, firmada ayer, no solo aseguró tres puntos; aseguró una identidad. El Getafe certifica matemáticamente la permanencia y alcanza las 22 temporadas consecutivas en Primera División, una cifra que muy pocos clubes pueden pronunciar sin vértigo. Y lo hace en un momento en el que el equipo no mira hacia abajo, sino hacia arriba, instalado en una séptima posición que invita a pensar en algo más que en sobrevivir.

El partido tuvo el aroma de las grandes citas. El Coliseum respondió, el equipo respondió y la sensación colectiva fue la de un club que ha dado un paso adelante. Con 48 puntos y una clasificación que lo sitúa a solo uno de la Europa League, el Getafe se mantiene en zona de Conference League, un territorio que ya no parece una utopía, sino una posibilidad real si el equipo mantiene la línea de las últimas semanas.

El encuentro ante el Mallorca fue un compendio de lo que ha sido esta temporada: un equipo reconocible, intenso, solidario y con la pegada suficiente para inclinar los partidos cuando el contexto lo exige. El Getafe golpeó en los momentos clave y supo manejar el ritmo con la madurez de quien se siente preparado para algo más.

La permanencia no es un trámite. No lo es nunca. Y menos en un club que ha construido su historia reciente desde la resistencia, la competitividad y la capacidad de reinventarse. Veintidós temporadas seguidas en la élite hablan de un proyecto que ha sabido sostenerse en el tiempo, que ha vivido noches europeas, que ha sufrido, que ha celebrado y que siempre ha encontrado la manera de seguir adelante.

Este año, además, la permanencia llega acompañada de una ambición renovada. El equipo no solo se mantiene: crece, compite y se permite soñar. Y eso, en un club como el Getafe, tiene un valor emocional y deportivo incalculable.

La clasificación es clara. El Getafe está en la pelea. Está séptimo, está fuerte y está convencido. El equipo transmite una sensación de solidez que contagia al aficionado, que vuelve a sentir que cada partido importa, que cada punto puede cambiar el destino de una temporada que ya es notable y que puede convertirse en histórica.

El bloque funciona, los jugadores han dado un paso adelante y el Coliseum vuelve a ser un escenario donde pasan cosas. Donde el equipo compite con una verdad que engancha y con una ambición que no se disimula.

Quedan dos jornadas por delante, quedan cuentas por hacer y quedan emociones por vivir. Pero lo que ya no queda es duda. El Getafe ha cumplido, ha crecido y ha vuelto a colocarse en el mapa de los equipos que quieren algo más que la permanencia. El objetivo ya está asegurado. Ahora llega el momento de mirar hacia arriba.

Y mientras el Coliseum se vaciaba anoche, la sensación era compartida: este equipo no ha dicho su última palabra.

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