Robert Pirès es uno de esos futbolistas cuya carrera parece dividida en capítulos muy distintos, pero conectados entre sí. Campeón del mundo con Francia en 1998, figura clave del Arsenal de Arsène Wenger y protagonista de uno de los momentos más simbólicos de la historia reciente del Villarreal. Su paso por el submarino amarillo no fue el más largo ni el más brillante estadísticamente hablando, pero sí profundamente significativo por el contexto, las expectativas y la situación en aquel momento del club.
Cuando Robert Pirès llegó al Villarreal en el verano de 2006, lo hizo con 32 años y tras haber cerrado un ciclo extraordinario en el Arsenal. Allí había sido una pieza esencial del equipo de los “Invincibles”, campeón invicto de la Premier League en la temporada 2003-04. Su estilo de juego se basaba en la elegancia, la pausa y la inteligencia sobre el campo. Eso lo había convertido en uno de los extremos más influyentes de Europa. No era un jugador de desborde explosivo constante, sino un intérprete del juego que entendía cuándo acelerar y cuándo detenerse, cuándo aparecer en zonas interiores y cuándo abrir el campo.
Esto dijo en una entrevista para Flashscore cuando le preguntaron si «El primer toque es la clave de todo, porque el fútbol es muy sencillo», es el mejor consejo que ha recibido: «Sí, sin ninguna duda. Viniendo de Dennis Bergkamp, uno de los mejores jugadores del mundo, ese consejo significó mucho para mí. Cuando llegué al Arsenal en el 2000, me dijo que el fútbol es sencillo si tu primer toque es bueno. Y es verdad: con un buen primer toque, te sientes cómodo, puedes levantar la cabeza, ver a tus compañeros y tomar la mejor decisión. Para mí, ese consejo ha sido el mejor que he recibido.»
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Salida del Arsenal
Su salida del Arsenal no fue la esperada. En la final de la Champions League de 2006 contra el FC Barcelona, Robert Pirès fue sustituido en la primera parte tras la expulsión del portero Jens Lehmann. El técnico del Arsenal, Arsène Wenger decidió sacrificarlo para recomponer el equipo a nivel táctico, una decisión que el propio jugador reconoció después como uno de los momentos más duros de su carrera. Aquella noche marcó, de alguna manera, el final de su etapa en Londres.
Y es aquí donde aparece uno de los contrastes más increíbles de su trayectoria. En las semifinales de esa misma Champions League 2005-06, el Arsenal se enfrentó al Villarreal en una eliminatoria histórica para el club español. El conjunto amarillo, liderado por Juan Román Riquelme, estaba a un paso de alcanzar su primera final europea. El partido de vuelta, en el antiguo Madrigal, quedó marcado para siempre por el penalti fallado por el crack argentino en los últimos minutos, detenido por Jens Lehmann. Aquella acción selló el pase del Arsenal a la final.
Mientras los jugadores del Villarreal se hundían sobre el césped, Robert Pirès celebraba con sus compañeros del Arsenal el acceso a la final de la Champions League. Era una escena cargada de simbolismo que adquiriría un nuevo significado pocas semanas después. Porque ese mismo verano, el francés cambiaría de camiseta y pasaría a formar parte del equipo que había eliminado.
#OnThisDay 2001
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Arsenal beat Tottenham 2-0. Robert Pires was amongst the goals with this well taken finish ⚽️🔴 #AFCpic.twitter.com/iD88kh59Ez
Llegada a Vila-real
Ese cruce de caminos es uno de los elementos más poéticos del fútbol. Robert Pirès pasó de ser verdugo del Villarreal a convertirse en uno de los encargados de continuar su crecimiento europeo. El club castellonense estaba en plena consolidación como proyecto competitivo, tras haber demostrado que podía codearse con los grandes del continente. Su llegada generó grandes expectativas, aunque también dudas sobre si se podría adaptar bien a LaLiga y sobre su encaje con Juan Román Riquelme, quien abandonaría el club meses después. Desde el principio, su papel fue distinto al que había tenido en el Arsenal. Ya no era el extremo indiscutible que partía desde la izquierda para aparecer en zonas de gol, sino un jugador más asociativo, con libertad para moverse por el frente de ataque y conectar con el centro del campo.
En el Villarreal, el francés encontró un entorno favorable para él. Compartió vestuario con jugadores como Marcos Senna, Diego Forlán o Santi Cazorla, en un equipo que combinaba experiencia y juventud. Su aportación no siempre fue constante, en parte por problemas físicos que limitaron su continuidad, pero cuando estuvo en forma dejó destellos de su enorme calidad. Además, su experiencia en grandes escenarios europeos resultó valiosa para un club que aspiraba a consolidarse en competiciones internacionales. Robert Pirès aportaba algo que no se puede entrenar. Su presencia en el vestuario también tuvo un impacto positivo, actuando como referencia para los jugadores más jóvenes.
Robert Pirès est aussi une légende à Villarreal 💛💛🇫🇷pic.twitter.com/kIK2ODxEaS
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Despedida en Champions frente a su ex equipo
El destino, sin embargo, quiso añadir más ironía a su historia. En su último año en el Villarreal, el equipo volvió a coincidir con el Arsenal en la Champions League. Para Robert Pirès, enfrentarse a su exequipo fue una experiencia cargada de emociones. Había pasado de defender los colores del club londinense a intentar eliminarlo con el Villarreal, cerrando así un círculo inesperado. Robert Pirès mantenía una relación especial con el Arsenal, con Arsène Wenger y con la afición inglesa. Volver a cruzarse con ellos desde el otro lado del campo era, en cierto modo, recordar todo lo vivido con la camiseta del Arsenal. Pero también era una oportunidad para demostrar que aún podía competir al máximo nivel y hacer ver que se equivocaron dejándolo marchar en verano de 2006.
Tras el 1-1 de la ida en El Madrigal, el Villarreal tenía que visitar el Emirates Stadium para clasificarse para lo que en aquel momento hubiesen sido sus segundas semifinales de Champions League en la historia del club. El destino no quiso repetir la historia de 2006 y esta vez fue Robert Pirès quien quedó eliminado frente a su antigua afición por un contundente 3-0.
Su etapa en el Villarreal se extendió hasta 2010, un periodo en el que el club vivió altibajos, pero se mantuvo como uno de los equipos más respetados de LaLiga. Robert Pirès no fue la gran estrella del proyecto, pero sí una pieza importante. Disputó más de un centenar de partidos y dejó momentos de calidad que justificaron su fichaje.
Robert Pires on his return to Arsenal as a Villarreal player in 2009. Arsenal fans sang his name all night. pic.twitter.com/SpRLg9FQNC
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Final en el Villarreal
El mismo jugador que celebró la eliminación del Villarreal en 2006, en el que posiblemente sea el momento más recordado de la historia del club, terminó defendiendo su camiseta y formando parte de su historia. Tras cuatro temporadas en el club, el francés ponía fin a su etapa en El Madrigal con la sensación de haber cumplido un ciclo, en un contexto en el que el Villarreal también comenzaba a renovarse.
A sus 36 años, Robert Pirès ya no tenía el protagonismo de sus primeros años en el equipo. Las lesiones, que habían sido constantes durante su etapa en España, limitaron su continuidad, y su papel fue evolucionando hacia el de jugador de rotación y referente de experiencia dentro del vestuario. El Villarreal, por su parte, estaba en una fase de transición. Tras años de consolidación en la élite, necesitaba rejuvenecer la plantilla y redefinir ciertas piezas clave. La salida de Pirès encajaba dentro de esa lógica.
Tras su salida, el francés no tardó en encontrar un destino breve pero simbólico: el Aston Villa, en la Premier League. Su etapa allí fue corta y sin demasiado impacto, confirmando que su carrera estaba ya en su tramo final. Su adiós al Villarreal también simboliza algo más amplio: el final de una generación de jugadores que llevaron al club a sus primeras grandes noches europeas.
1️⃣2️⃣9️⃣ partidos
— Villarreal CF (@VillarrealCF) May 26, 2020
1️⃣8️⃣ goles
🏆 Campeón del Mundo y de Europa…
…Y clase y genialidad para dar y vender:
¡¡¡🎩 @piresrobert7 🎩!!!
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