El Real Madrid busca aplazar el alirón del Barça en una visita tensa a Cornellà

El Real Madrid afronta su visita al RCDE Stadium con un objetivo más simbólico que competitivo: evitar que el FC Barcelona se proclame campeón antes del próximo Clásico. Las cuentas son claras: si los blancos no consiguen la victoria ante el RCD Espanyol, la Liga quedará vista para sentencia y las celebraciones podrían trasladarse directamente a Canaletas.

Aunque el título parece prácticamente decidido, en el vestuario madridista el partido se vive como una cuestión de orgullo. Nadie quiere llegar al Clásico con la obligación añadida de hacer el tradicional pasillo al eterno rival, un gesto que no se produce desde 2008, cuando figuras como Xavi Hernández o Lionel Messi fueron homenajeadas en el Santiago Bernabéu.

Más allá del componente simbólico, el equipo dirigido por Álvaro Arbeloa llega con bajas sensibles. Ni Kylian Mbappé ni Dani Carvajal estarán disponibles, lo que condiciona un once que ya de por sí ha mostrado irregularidad en este tramo final. La portería podría ser para Andriy Lunin, mientras Thibaut Courtois apunta a reaparecer en el Clásico.

El encuentro también servirá para medir a jugadores que buscan reivindicarse, como Eduardo Camavinga, en una temporada donde varios nombres han quedado señalados. En paralelo, sigue abierta la incógnita sobre Dani Ceballos, cuya situación con el técnico añade más ruido a un vestuario ya agitado.

Enfrente estará un Espanyol en plena crisis. El equipo catalán acumula 16 jornadas sin ganar y ha pasado de una posición cómoda a mirar de reojo al descenso. La tensión crece en el entorno y el técnico Manolo González llega cuestionado, aunque mantiene el respaldo de la directiva. Con objetivos muy distintos, Real Madrid y Espanyol se juegan más que tres puntos: unos, retrasar lo inevitable; otros, evitar el colapso total.

Compartir: