No sé muy bien por dónde empezar. Llevo dieciséis años esperando volver a escribir esta frase. España es campeona del mundo.
Todavía la leo y me cuesta creerla. Ayer no ganó solo una selección de fútbol. Ayer ganó un país entero. Ganamos todos. Los que estuvimos en 2010 y los que, como yo, éramos demasiado pequeños para entender realmente lo que estaba ocurriendo.
Tenía apenas seis o siete años cuando Iniesta marcó aquel gol. Me acuerdo perfectamente de aquella noche. De la celebración. De las banderas. De la felicidad de todo el mundo. Pero no era consciente de la magnitud de lo que estaba viviendo. No entendía que aquello era historia. No sabía que podían pasar dieciséis años para volver a sentir algo parecido.
Ayer sí. Ayer tenía 22 años. Y por fin pude vivir un Mundial siendo plenamente consciente de lo que significa. Porque ser campeón del mundo no es solo ganar un torneo de fútbol. Es muchísimo más. Es ver a un país entero olvidarse durante unas horas de todo lo demás. Es salir a la calle y ver a desconocidos abrazándose como si se conocieran de toda la vida. Es escuchar un gol y que miles de casas griten al mismo tiempo. Es sentir que, por un instante, todos remamos en la misma dirección.
No existe nada igual.
Mientras celebraba el pitido final, me acordé de las personas más importantes de mi vida. De mi abuela, que desde el cielo ha vuelto a ver nuestra Selección Española campeona del mundo. De mi padre, la persona que me hizo enamorarme de este deporte y a quien llamé nada más acabar el partido. Y de mi hermano, con quien comparto esta pasión cada día y al que pude abrazar mientras celebrábamos que España volvía a tocar el cielo. Son recuerdos que me llevaré para siempre.
De este Mundial me llevo muchas cosas. Me llevo el «¿y por qué no?». Me llevo la fe cuando muchos ya nos daban por eliminados antes de jugar contra Francia. Me llevo a una Selección que fue creciendo hasta convertirse en la mejor del torneo. Me llevo a un grupo que nunca dejó de creer y que terminó levantando la segunda estrella.
Pero también me llevo algo mucho más personal. Estos 38 días de Mundial han sido los más bonitos que he vivido en NEKO Deportes. Contar cada partido junto a Ferchu, Cristian y Vicente ha sido un privilegio. Repetiría esta experiencia una y mil veces. Hemos celebrado cada victoria, sufrido cada momento de tensión y disfrutado de algo que difícilmente volveremos a vivir igual.
Y también quiero daros las gracias a vosotros. A todos los que habéis estado al otro lado leyendo cada artículo, viendo cada directo, comentando cada publicación y compartiendo esta aventura con nosotros. Sin vosotros, nada de esto tendría sentido.
Y, por último, gracias a Dios. Porque hay momentos que uno solo puede agradecer. Ayer España ganó un Mundial. Pero yo siento que gané un recuerdo para toda la vida. Uno de esos que contaré dentro de treinta años con la misma emoción con la que hoy lo cuento.
Porque algunos recuerdos nunca se borran. Y ayer escribimos otro de ellos. España ya tiene su segunda estrella. Y nosotros tendremos una historia que contar para siempre.






