La Copa del Rey encontró dueño en una noche que no fue un partido, sino un terremoto emocional. La Real Sociedad levantó el título tras un 2-2 vibrante y una tanda de penaltis donde emergió un héroe inesperado, casi cinematográfico: Unai Marrero, el portero que detuvo los lanzamientos de Sorloth y Julián para coronar a los txuri‑urdin en una final que se recordará durante décadas. Un triunfo que confirma la edad dorada del club: segundo título copero en cuatro años, tras la final de la pandemia conquistada sin público.
Un inicio de locura: un gol que incendió la final
La final no había empezado… y ya estaba ardiendo. A los 13 segundos, la Real Sociedad aprovechó un error en la salida rojiblanca para firmar uno de los goles más tempraneros que se recuerdan en una final. La Cartuja quedó helada, incrédulo, mientras los jugadores aún buscaban su primera carrera. El Atleti tardó en reaccionar, pero cuando lo hizo, lo hizo con furia. Lookman, siempre eléctrico, cazó un balón dividido y fusiló para el 1-1. El partido, desde ese instante, se convirtió en un combate sin tregua.
Barrenetxea desata el 𝒅𝒆𝒍𝒊𝒓𝒊𝒐 𝒕𝒙𝒖𝒓𝒊-𝒖𝒓𝒅𝒊𝒏 en La Cartuja.
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🌪️ 15 segundos de final y la @RealSociedad ya manda en el marcador. #LaCopaMola #LaCasaDelFútbol pic.twitter.com/di6wpQK7Dp
Oyarzabal impone su jerarquía antes del descanso
La Real no se descompuso. Al contrario: volvió a mandar. Una salida tardía de Musso terminó en penalti y amarilla para el argentino. Oyarzabal, capitán, símbolo y ejecutor, ajustó el disparo con la frialdad de quien ha nacido para estas noches. El 1-2 al filo del descanso era un golpe psicológico enorme. La Real se marchaba al vestuario con ventaja y con la sensación de tener la final donde quería.
El rugido rojiblanco: Julián firma un gol para la eternidad
El Atlético salió en tromba en la segunda parte. Empujado por su gente, por la necesidad y por el orgullo. La Real resistía con orden, pero el empuje rojiblanco era cada vez más asfixiante. Hasta que, en el minuto 82, Julián se inventó un derechazo desde la frontal que se coló por la escuadra. Un golazo descomunal, de esos que cambian finales, que levantó al estadio y mandó el partido a la prórroga.
𝑼𝒏 𝒈𝒓𝒂𝒏 𝒑𝒐𝒅𝒆𝒓 𝒄𝒐𝒏𝒍𝒍𝒆𝒗𝒂 𝒖𝒏𝒂 𝒈𝒓𝒂𝒏 𝒓𝒆𝒔𝒑𝒐𝒏𝒔𝒂𝒃𝒊𝒍𝒊𝒅𝒂𝒅…
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🕷️🕸️ Julián Álvarez rescata al @Atleti en el minuto 82.#LaCopaMola #LaCasaDelFútbol pic.twitter.com/cVLmxcgc8z
La prórroga: media hora de supervivencia
Los treinta minutos extra fueron una batalla de nervios. La Real buscó controlar el ritmo; el Atleti quiso acelerar. Pero el cansancio, el miedo a fallar y la grandeza del momento pesaron más que la ambición. No hubo goles, sí sudor, calambres y miradas al cielo. El destino de la Copa se decidiría desde los once metros.
La tanda que encumbró a Unai Marrero
Y ahí, en ese escenario donde la gloria y el abismo se tocan, apareció Unai Marrero. El portero txuri‑urdin, que no estaba llamado a ser protagonista, se convirtió en gigante. Detuvo el lanzamiento de Sorloth, un golpe durísimo para el Atleti, y más tarde el de Julián, el héroe del 82, para cerrar la final.
La Real, mientras tanto, ejecutó con sangre fría: Soler abrió el camino, Sučić y Aihen mantuvieron la ventaja, y el canterano Pablo Marín, con una serenidad impropia de su edad, marcó el penalti que dejaba la Copa a un paso. Marrero dio el último empujón hacia la gloria. El Atleti, pese a los aciertos de Nico, Almada y Baena, no pudo remontar el daño inicial.
🏆 Pablo Marín anota el penalti decisivo y le da a la @RealSociedad la 𝑪𝒐𝒑𝒂 𝒅𝒆𝒍 𝑹𝒆𝒚 – 𝑴𝒂𝒑𝒇𝒓𝒆 2025/2026.
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🔴 Atlético de Madrid: ❌❌✅✅✅
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De la crisis al cielo: Matarazzo cambió el destino
La imagen de la Real levantando la Copa tiene un valor añadido que trasciende el propio título. En diciembre, el equipo estaba hundido, sin rumbo, sin confianza, sin identidad. El proyecto parecía agotado, la grada inquieta, el vestuario sin respuestas.
Entonces llegó Pellegrino Matarazzo. Su irrupción fue un giro de guion. Orden, valentía, presión alta, jóvenes con protagonismo, veteranos recuperados, un vestuario reactivado. La Real pasó de navegar a la deriva a convertirse en un bloque reconocible, competitivo y ambicioso. Y hoy, meses después, ese cambio se traduce en una imagen imborrable: la Real Sociedad, campeona de Copa, renacida, orgullosa y con un futuro que vuelve a ilusionar.






