Así no se gana un Mundial

España Cabo Verde Mundia

Empatar contra Cabo Verde en un debut mundialista no entraba en los planes de nadie. Ni de Luis de la Fuente, ni de los jugadores, ni de una afición que llegaba al Mundial convencida de que España era una de las grandes favoritas al título. Y aunque el torneo acaba de empezar y queda muchísimo camino por recorrer, el primer examen deja una sensación difícil de ignorar: España estuvo muy lejos de lo que se esperaba.

No hablo solo del resultado. Hablo del juego. De la imagen. De la incapacidad para generar peligro real ante una selección que disputaba el primer Mundial de su historia. España dominó la posesión, como casi siempre, pero tuvo enormes dificultades para transformar ese dominio en ocasiones claras. Fue un equipo plano, previsible y poco explosivo en los metros finales.

Y eso es lo que más me preocupa.

Porque un empate puede entrar dentro de lo normal en una competición tan exigente como un Mundial. Lo que no parece tan normal es que durante muchos minutos España transmitiera tan poco. Faltó ritmo, faltó profundidad y faltó desequilibrio. El equipo movía el balón, pero daba la sensación de hacerlo sin colmillo.

Por eso se notó tanto la entrada de Lamine Yamal. Fue prácticamente el único futbolista capaz de alterar el partido. El único que intentó encarar, generar superioridades y provocar algo distinto. No llegó el gol, pero con él en el campo España pareció mucho más cerca de encontrarlo.

Si España quiere ser la selección que muchos colocaban entre las favoritas para levantar la Copa del Mundo, necesita mejorar muchísimo. El empate contra Cabo Verde no te elimina del Mundial, pero sí te recuerda que el cartel de favorito no sirve para ganar partidos.

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