La imagen de LeBron James dándole una asistencia a su hijo Bronny en un partido oficial de los Lakers ha dado la vuelta al mundo. Es una de esas fotos que trascienden el deporte: el mejor anotador de la historia de la NBA compartiendo parqué con el primero de sus hijos. Sin embargo, aunque en el baloncesto estadounidense esto se sienta como algo nunca visto, el fútbol ya nos regaló hace casi tres décadas una de las historias más románticas, simbólicas y, a la vez, agridulces de este tipo. Una historia que ocurrió en una tarde fría en Tallin y que tuvo como protagonistas a dos islandeses: los Guðjohnsen.
¿Quiénes son los Guðjohnsen?
Para entender lo que pasó aquel 24 de abril de 1996, primero hay que conocer a los personajes de la historia. Por un lado estaba Arnór Guðjohnsen, que a sus 34 años era el gran referente del fútbol islandés, un delantero con muchísima clase que había brillado en el Anderlecht y en el Burdeos. Uno de los episodios por los que se le recuerda es por el penalti fallado contra el Tottenham en la final de la Copa de la UEFA en 1984.
1984 UEFA Kupası Finalinde efsane teknik direktör Keith Burkinshaw yönetiminde Tottenham Anderlecht’e karşı penaltılarla 4-3 galip gelip kupayı müzesine götürüyor.
— Harun Gündüz (@harungunduz_) January 20, 2020
White Hart Lane’de son penaltıyı kaçıran ise Eidur Gudjohnsen’in babası Arnor Gudjohnsen.
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Por otro lado estaba su hijo Eiður, un chaval de apenas 17 años que ya empezaba a asomar la cabeza en el PSV Eindhoven y del que todo el mundo decía que iba a ser todavía mejor que su padre. Aquí os dejo una prueba de ello, uno de sus goles más famosos, contra el Wimbledon en el año 2001.
Today marks 25 years since Eidur Gudjohnsen got the ball against Wimbledon, and decided to take matters into his own hands.
— Stu’s Football Flashbacks (@stusfootyflash) December 14, 2024
Tremendous. Absolutely tremendous.pic.twitter.com/tojAjHBjPX
Se retira Guðjohnsen y entra en su lugar Guðjohnsen
El 24 de abril de 1996, Islandia se enfrentaba a Estonia en un partido amistoso. Lo que para cualquier otra selección habría sido un trámite más en el calendario, para la familia Guðjohnsen era el día marcado en rojo. Querían hacer historia. El seleccionador islandés en aquel momento, Logi Ólafsson, tenía un plan, pero el destino decidió que la historia se escribiera de una forma un tanto distinta a la que ellos soñaban.
Corría el minuto 62 del encuentro. Islandia ganaba cómodamente por 0-3 y el estadio de Tallin no presentaba precisamente el ambiente de las grandes citas. De repente, el cuarto árbitro levantó el cartel de los cambios. Se iba el número 9, Arnór, y entraba el número 13, Eiður.
20 years ago today this happened… Iceland debut replacing my father!!
— Eidur Gudjohnsen (@Eidur22Official) April 24, 2016
Commentator really excited😂 #fatherandson pic.twitter.com/lx0bPDR0pi
Un momento histórico y sin precedentes en la historia del fútbol. No era un cambio cualquiera. Era el padre dejando su sitio a su hijo en la selección absoluta. Mientras Arnór se acercaba a la banda, Eiður lo esperaba con la mezcla de nervios y respeto que siente un adolescente que está a punto de debutar. Cuando se cruzaron, se fundieron en un abrazo y Arnór le dio un beso en la mejilla a su hijo. Fue el gesto técnico más importante del partido: el traspaso de poderes, la entrega del testigo de una generación a otra en mitad de un terreno de juego.
Aquella imagen es hoy una reliquia del fútbol mundial. Es el único caso registrado en un partido internacional de primer nivel donde un hijo sustituye a su padre. Sin embargo, detrás de ese beso había una pequeña frustración que muchos desconocen.
El sueño frustrado de jugar juntos
Lo que Arnór y Eiður realmente querían no era sustituirse, sino jugar los dos a la vez. Querían compartir delantera, pasarse el balón y celebrar un gol juntos, tal y como hemos visto hacer a los James en la NBA. De hecho, el propio presidente de la Federación Islandesa de Fútbol de aquel entonces, Eggert Magnússon, pidió al seleccionador que no los alineara juntos en ese partido de Estonia.
¿Por qué? Porque quería que ese hito histórico ocurriera en su casa, en Reikiavik, ante su propia afición y en un partido oficial de clasificación para el Mundial que se jugaría poco después. El plan parecía perfecto: debut en Estonia con el cambio simbólico y, un mes después, la gran fiesta en Islandia jugando los dos como titulares.
Pero el fútbol es caprichoso y a veces cruel. Poco después de aquel viaje a Estonia, Eiður Guðjohnsen se rompió el tobillo de gravedad en un partido con las categorías inferiores del PSV. Fue una lesión durísima que lo mantuvo fuera de los terrenos de juego durante casi dos años. Para cuando Eiður pudo volver a vestir la camiseta de su país, su padre Arnór ya se había retirado del fútbol profesional. Nunca pudieron coincidir sobre el césped.
Un legado que llegó a la cima del fútbol
Aunque ese sueño de jugar juntos no se cumplió por una lesión inoportuna, el gesto de Tallin marcó el inicio de una carrera legendaria. Eiður no solo cumplió con las expectativas, sino que las superó con creces. Se convirtió en un jugador clave del Chelsea de Mourinho y formó parte del Barça del triplete con Guardiola, lo que le convirtió en el único jugador islandés que ha conseguido levantar la Orejona. Hoy, cuando vemos a LeBron James mirar con orgullo a su hijo en la pista, es imposible no acordarse de aquel beso de Arnór a Eiður en la banda. Lo que pudo ser y nunca fue.






