Míchel: «Nos jugamos mucho más que cualquier equipo»

El Girona salió vivo de Vallecas. Y en un partido donde durante muchos minutos pareció más preocupado por no caerse que por ganar, apareció el de siempre para rescatar un punto que puede valer mucho más de lo que parece. Cristhian Stuani, infiltrado, sin entrenar durante toda la semana y jugando prácticamente al límite, volvió a sostener a un equipo que camina por el alambre. El empate ante el Rayo no despeja del todo las dudas, pero sí deja algo que el Girona necesitaba recuperar con urgencia: la sensación de seguir en pie.

Míchel no escondió el contexto emocional con el que llegaba el equipo a Vallecas. Tres derrotas consecutivas habían dejado al Girona en una situación límite, tanto en lo clasificatorio como en lo anímico. Y eso se notó desde el inicio. “Nosotros veníamos de tres derrotas y eso también se veía sobre el césped”, reconoció el técnico, que vio a un equipo atenazado por la presión y muy condicionado por el miedo a cometer un error.

El partido fue incómodo, espeso y con muy poco fútbol. Un duelo de tensión más que de brillantez. El Rayo, todavía con la resaca emocional de su histórica clasificación europea, transmitió más seguridad y personalidad durante muchos tramos del encuentro. “El Rayo venía de una semana muy importante por la final europea y se ha visto mucha seguridad en lo que hacían”, explicó Míchel. El Girona, en cambio, jugó con el peso de quien sabe que cualquier tropiezo puede cambiarlo todo.

Ni siquiera el gol encajado en el tramo final terminó de derrumbar al equipo. Cuando Vallecas ya olía a derrota visitante y el golpe parecía definitivo, apareció Stuani para hacer lo que lleva años haciendo. Competir incluso cuando el cuerpo no da más. El uruguayo jugó infiltrado después de una semana prácticamente en blanco. “Stuani tuvo un golpe en la rodilla y no ha podido entrenar en toda la semana. Ayer se hizo una resonancia y se ha infiltrado para jugar”, desveló Míchel. “Lo normal es que no hubiese jugado, pero él ha dicho que estaba preparado”.

Y apareció. Porque siempre aparece. El delantero volvió a demostrar que su peso en este Girona va mucho más allá de los goles. “Es un jugador muy importante para nosotros”, insistió el técnico, consciente de que el capitán sigue siendo el principal sostén emocional de un equipo que atraviesa el momento más delicado de la temporada.

Más allá del empate, Míchel dejó claro que el problema sigue estando ahí. “La sensación es que ambos hemos tenido dos ocasiones claras y no podemos defender esta manera de jugar”, afirmó. El técnico admitió que el encuentro estuvo marcado por el miedo, por la tensión y por la necesidad de sobrevivir antes que de proponer. “Hoy nos ha tocado hacerlo así”, añadió.

Pero el discurso del entrenador giró constantemente hacia una misma idea: la unidad. El Girona sabe que ya no puede permitirse fracturas internas ni dudas. “La sensación era que estando juntos podemos salir adelante”, explicó tras el empate. Un mensaje que repitió varias veces durante su comparecencia y que refleja perfectamente el estado actual del vestuario.

Porque ahora todo se resume en una palabra: supervivencia. Y Míchel no lo escondió. “El jueves será un día histórico para nosotros porque nos jugamos la continuidad del club en Primera División”, avisó. El técnico sabe que el siguiente partido marcará buena parte del futuro inmediato del Girona y pidió máxima implicación de todos. “Todos debemos saber que tenemos que estar juntos”, insistió.

Incluso en medio de la presión, Míchel quiso proteger a sus futbolistas. “No siento que haya jugadores que se marchen con una mala versión”, explicó, alejando cualquier señalamiento individual. El técnico entiende que el contexto pesa y que el equipo está jugando con una carga emocional enorme. “Lo han intentado y han sabido sufrir”, valoró.

También tuvo tiempo para mirar hacia Vallecas con cariño. El técnico, con pasado rayista, reconoció sentirse orgulloso de lo que está haciendo el conjunto madrileño esta temporada. “Como vallecano y rayista me siento orgulloso de lo que está haciendo el equipo”, confesó. Y hasta dejó un deseo cargado de sentimiento: “Ojalá traigan la Copa de campeón de la Conference porque sería increíble”.

Mientras tanto, el Girona sigue atrapado en su propia batalla. Una pelea incómoda, angustiosa y mucho más sufrida de lo que muchos imaginaban hace meses. Pero en Vallecas, al menos por una noche, el equipo encontró algo que llevaba tiempo buscando: un motivo para seguir creyendo.

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